No sigas el juego de Estados Unidos
Como todos sabemos, Estados Unidos, a lo largo del siglo XX, puso en marcha todo tipo de intereses e injerencias en América Latina, ya fueran económicas, políticas o militares.
Desde ese mismo siglo, Estados Unidos ha considerado que todos los países al sur de su frontera son su “patio trasero”, territorios que puede “limpiar” cuando así lo decida, a través de invasiones, violando leyes internacionales, promoviendo golpes de Estado, apoyando a dictadores militares o financiando la explotación de recursos naturales para generar dependencia económica y endeudamiento.
Hasta el momento ha realizado dos intervenciones militares directas: la primera en Panamá, en 1989, y la más reciente en Venezuela, en el presente año.
Poco a poco ha avanzado en su idea de someter a América Latina mediante intervenciones militares, bajo el argumento de demostrar al mundo que la región se encuentra dentro de su esfera de influencia.
Con esta última intervención, Estados Unidos demuestra que no le importa frenar el tráfico de drogas ni fortalecer la democracia interna de un país, sino avanzar en el sometimiento de las demás naciones americanas mediante la fuerza militar.
Ambos ejemplos de intervención dejan claro que no hay progreso para los países intervenidos; por el contrario, existen retrocesos democráticos y gobiernos subordinados a los intereses económicos y políticos de Estados Unidos.
Ante estos ejemplos de políticas exteriores y tratados internacionales poco confiables, dominados por los intereses de países más poderosos, donde impera la ley de la selva —el más fuerte es el rey—, parece evidente que es momento de que México empiece a construir lazos sólidos con su ciudadanía, donde la cercanía con el pueblo sea real, justa y basada en una filosofía de diálogo constructivo.
La fuerza de una nación no puede ser valorada ni validada desde un solo punto de vista, una sola opinión o un solo partido político.
Hoy más que nunca se requiere entendimiento, acuerdos y cooperación entre distintos actores políticos, económicos y sociales para resolver nuestros problemas internos de inseguridad, narcotráfico y corrupción, y así evitar cualquier pretexto para una posible intervención de Estados Unidos.
Es momento de que, como ciudadanos, dejemos a un lado el fanatismo político y las campañas anticipadas; debemos aprender a respetar los tiempos y permitir que los funcionarios concluyan su ciclo para que puedan ser evaluados por la sociedad.
Debemos enfocarnos en cómo exigir y construir un país más seguro frente a las amenazas de un vecino poderoso, porque el intervencionismo no busca derrotar únicamente a la presidenta de México o al partido en el poder; busca someternos, violar nuestra soberanía y convertirnos en una colonia.
No olvidemos que nuestros antepasados dieron su vida y lucharon incansablemente por nuestra independencia y soberanía. El intervencionismo no pretende mejorar nuestras condiciones de vida ni construir un país más justo. Eso nos corresponde a nosotros, como mexicanos. Debemos empezar por mejorar como personas, fortalecer nuestra educación y transformar nuestra manera de pensar y de actuar.
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