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Cuando se pierde la encuesta, se cuestiona el método

Cuando se pierde la encuesta, se cuestiona el método

DESPEJAR

MISAEL TAMAYO

Terminó, por fin, la primera etapa del proceso en Morena para la definición de la candidatura al gobierno del estado de Guerrero. Con la selección, ayer, de la coordinación estatal a favor de la senadora con licencia Beatriz Mojica Morga, cierra un ciclo interno pero se abre el externo. La pelea ahora será hacia afuera, en contra de la oposición, y con la mira puesta en que Morena continúe gobernando Guerrero, en lo que sería el segundo piso de la Cuarta Transformación.

Pero como en toda pelea interna, y como lo dijimos en este espacio, la operación cicatriz puede no servir del todo; o, mejor dicho, para todos. Al contrario, parece que los adversarios más fuertes son los de casa y veremos en lo sucesivo mucho fuego “amigo”.

Y es que desde ayer, una vez que la dirigencia nacional de Morena hizo el anuncio de la ganadora de las encuestas, y aunque trasciende que la diferencia entre el primer lugar y el segundo es de 20 puntos, lo cual indica que no hay espacio para la inconformidad y la diatriba, fue la alcaldesa con licencia de Acapulco, Abelina López, la primera que sacó de su ronco pecho su enojo, alegando falta de congruencia del partido al elegir a Beatriz Mojica, porque aunque no la mencionó por su nombre es obvio que se refirió a ella.

Concretamente reprochó: “Muchos nos encontrábamos luchando en 2018 con Andrés Manuel López Obrador, luchando contra la derecha y es indigno que ayer, algunos abrazando a la derecha y nosotros luchando. ¿No será incongruencia?”

Pero tanto Abelina como otros que se dicen obradoristas de cuna, olvidan que eso no es suficiente para que la gente los respalde. Es necesario que, además de decirse obradoristas, practiquen los postulados del obradorismo. La honestidad, en primer lugar.

Y Abelina López es la menos indicada para exigir algo que perdió en el ejercicio del poder. Su gobierno, que ya va por su segundo periodo en el puerto, ha sido señalado por malos manejos. Y no lo ha dicho gente de a pie; lo han dicho organismos fiscalizadores.

Aunque ganó una controversia en la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que determina que los dineros federales deben ser fiscalizados por la Auditoría Superior de la Federación, eso no la exonera de los señalamientos en su contra. Es decir, que lo que se discutió en la SCJN fue qué órgano fiscalizador tenía facultades para auditar los recursos del municipio de Acapulco, si el estatal o el federal. Y los magistrados reconocieron que se aplica según la procedencia del dinero: si es estatal, el estado fiscaliza. Si es federal, la Federación revisa.

Hasta ahí todo bien. Pero nada se dijo en esa controversia de desfalcos y observaciones que se le están haciendo a su primer gobierno, porque todavía ni comienza la revisión de su segundo trienio.

Y aunque nadie puede negar que Abelina ha sido siempre de izquierda, entonces estaba obligada a ser extremadamente escrupulosa con el manejo del dinero del puerto, y ya demostró que Morena puede hacer la diferencia.

Al contrario, las quejas acerca de su administración son numerosas y vale la pregunta: ¿Qué es más grave: traicionar a AMLO como ella y otros señalan (que no fue tal en el caso de Beatriz Mojica, dado que ella no era morenista en ese tiempo y, por lo mismo, estaba trabajando conforme los acuerdos de su partido, el PRD); repito, qué es peor: traicionar a un hombre o traicionar al pueblo?

AMLO instituyó una frase que es bíblica, por cierto: “No robar, no mentir y no traicionar”. ¿A quién? Al pueblo que vota por cada morenista confiando en que tendrán mejores condiciones de vida.

Sin olvidar, también, que en 2018 fue AMLO el que ganó las elecciones. Su nombre en la boleta arrastró a todos, como un cometa, algo que también sucedió cuando estaba en el PRD: él perdía, pero todos los demás ganaban. En la elección intermedia de 2021, igualmente: ya era el presidente de México y los programas sociales aceitaron a tal grado la maquinaria electoral de Morena, que en 2024 Abelina fue reelecta, a pesar de la inconformidad de su primer periodo. El Otis la salvó, de hecho, porque AMLO inyectó cuantiosos recursos para damnificados y para la reconstrucción del puerto, cosa que Abelina capitalizó esa época de abundancia en un pueblo destruido.

En su fuero interno, Abelina pensaba que ese arrastre le alcanzaría para colocarla como candidata a gobernadora. Y se midió en el puerto, donde tiene sus reales. Pero se le olvidó que Acapulco no es Guerrero. O, mejor dicho, que Guerrero no es Acapulco. Las encuestas se realizaron en diversas ciudades y municipios y hubo consistencia en los resultados de la mayoría de los sondeos profesionales para Beatriz Mojica Morga.

De hecho, Abelina comenzó este proceso muy abajo. Y aunque logró remontar sus propios números, dejando incluso a Esthela Damián en tercer lugar (contrario a lo que todos pensaban), simplemente no le alcanzó para cumplir sus metas.

Y no, no fue Morena o la dirigencia del partido la que eligió. Fue el pueblo a través de encuestas, mismo método que le dio a ella la candidatura a la presidencia de Acapulco en 2021 y en 2024. Renegar ahora de este método sólo porque no le favorece es, eso sí, una incongruencia.

Al contrario de Abelina López, la ex consejera jurídica, Esthela Damián Peralta, reconoció de inmediato a través de sus redes sociales que los resultados no le favorecieron y felicitó a Beatriz Mojica Morga. Eso es ser congruente.

Trasciende que Abelina no quería subir al estrado cuando se hizo el anuncio para Beatriz Mojica. Pero para eso los mandaron citar. A diferencia de otras entidades, cuando nada más citaron al ganador o ganadora, en el caso de Guerrero citaron a todos, y se les dio a conocer el resultado de las encuestas previamente a puerta cerrada. ¿Para qué? Para que no alegaran que el resultado era falso, que Morena cuchareó los sondeos y que recurrieron a la imposición. Y después de eso, todos debían estar durante el anuncio, como señal de aceptación. Lo demás, como dice el dicho, es lo de menos.

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