×

El padre, la hija y el espíritu del partido guinda

El padre, la hija y el espíritu del partido guinda

Acapulco Tropikal

Misael Habana de los Santos

El problema de Félix Salgado Macedonio ya no parece ser una candidatura. Es algo más antiguo y profundamente guerrerense: quién manda en el territorio.

Citlalli Hernández acaba de poner otra raya al pizarrón.

Al referirse a las inconformidades de Félix y Tatiana Clouthier sobre los procesos internos de Morena, dijo que existe una línea delgada entre la crítica y la autocrítica, indispensable para que los proyectos políticos no se descompongan, pero advirtió que esas diferencias deben procesarse “normalmente” en la vida interna del partido.

Y añadió algo todavía más filoso: hay que tener cuidado con “hacerle el juego a nuestros adversarios”.

El mensaje tiene destinatario. Porque Félix dice que acepta las reglas, pero pide una encuesta espejo. Dice que reconoce a Beatriz Mojica, pero sigue recorriendo Guerrero. Dice que no busca confrontación, pero cuando Claudia Sheinbaum advierte que “las ambiciones personales no deben ser motivo de disputa”, responde que él hace lo que quiere y que, si le dicen que suspenda sus asambleas, tampoco va a parar.

Entonces la discusión dejó de ser electoral.

¿Dónde termina el liderazgo y comienza el cacicazgo?

El dirigente construye una organización. El cacique construye una organización alrededor de sí mismo.

El dirigente acepta que otro encabece. El cacique puede aceptar que otro se siente en la silla, siempre que quede claro quién conserva las llaves.

Y Guerrero conoce demasiado bien esa historia.Durante décadas cambiaron partidos, colores y siglas, pero sobrevivió una vieja costumbre: el hombre fuerte, la familia, los incondicionales, las multitudes movilizadas con recursos públicos y aquella frase nunca escrita pero perfectamente entendida: El partido puede mandar en México; aquí mando yo.

Y entonces aparece Evelyn Salgado Pineda. La paradoja es extraordinaria.

En 2021, cuando se preguntaba si Félix gobernaría detrás de su hija, Evelyn respondió que él podría aconsejarla como cualquier padre aconseja a una hija, pero que quien gobernaría Guerrero sería ella.

Cinco años después se volteó la tortilla. Ahora es la hija quien quizá tendría que aconsejar al padre.

Porque Félix tiene enfrente un impedimento político llamado nepotismo. Y ese impedimento tiene nombre, apellidos y cargo: Evelyn Salgado Pineda, gobernadora de Guerrero.

No porque ella lo haya excluido. Simplemente porque es su hija.

¿Qué le aconsejará entonces Evelyn a su progenitor?

No sabemos qué hablan padre e hija en privado y sería irresponsable inventarlo. Pero la política permite formular la pregunta.

¿Le dirá que escuche a Claudia Sheinbaum? ¿Que atienda el mensaje de Citlalli Hernández? ¿Que reconozca sin adjetivos ni encuestas espejo la decisión de su partido? ¿Que permita que Beatriz Mojica ejerza la coordinación sin un “hermano mayor” recorriendo Guerrero para recordar a todos quién tiene el movimiento, quién llena las plazas y quién todavía escucha el grito de “¡gobernador!”?

Porque aquí aparece la contradicción mayor. Félix asegura que respeta las reglas, pero necesita demostrar que sin él las reglas saben a poco.

Acepta que no será candidato, pero quiere una encuesta que demuestre que podría haberlo sido.

Reconoce a quien ganó, pero conserva la maquinaria que recuerda quién manda.

Eso ya no parece una discusión sobre candidaturas. Es una discusión sobre poder.

Y acaso Evelyn tenga más razones que nadie para pedirle prudencia.

La gobernadora necesita terminar su mandato como Evelyn Salgado Pineda, no como la hija que ocupó la silla mientras el padre conservaba el territorio.

Y Félix enfrenta una prueba todavía mayor que ganar una encuesta: demostrar que puede ser líder sin ser candidato, jefe sin heredero y fundador sin propietario.

Porque los movimientos pertenecen a sus militantes.Los partidos, a sus miembros. Y los estados, a sus ciudadanos. Sólo los cacicazgos necesitan dueño.

Quizá la historia haya dado una vuelta completa. Hace cinco años el padre prometía aconsejar a la hija. Hoy tal vez sea la hija quien deba decirle al padre:

—Papá, ya párale. Déjame terminar de gobernar.

Aforismo

Tropikal

El dirigente quiere dejar un movimiento; el cacique quiere que el movimiento nunca pueda dejarlo a él.

Share this content:

Publicar comentario