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Ayotzinapa, desgracia utilizada

Ayotzinapa, desgracia utilizada

Andrés Aguirr

En México, tal parece que para algunos colectivos, asociaciones o grupos sociales se les ha olvidado que los partidos políticos son entidades de interés público, con personalidad jurídica y patrimonio propio.
Tienen como fin promover la participación del pueblo en la vida democrática, sin excluir a ningún ciudadano, y así poder contribuir a la integración de la representación nacional; es decir, son los encargados de presentar candidaturas para ocupar diferentes cargos políticos de elección popular.
Los partidos políticos no son sectas, no están a merced de una sola persona ni son propiedad de ciertos grupos políticos que puedan decidir quién entra o no, quién puede participar dentro del movimiento democrático o no.

Es triste ver que ciertos colectivos se desvíen de su causa, de su lucha, y se conviertan en un show mediático, sin importarles ser utilizados por ciertos intereses partidarios. Hace unos días, un colectivo de sobrevivientes del caso Ayotzinapa solicitó a Morena que se impidiera el ingreso a los miembros del grupo político de Ángel Aguirre Rivero.

Cuando el licenciado Ángel Aguirre Rivero ha manifestado —e incluso en algunas ocasiones recalcado— que él es uno de los gobernadores que más ayudó a la Normal de Ayotzinapa, donando un autobús, construyendo algunas instalaciones y donando una tortillería, entre otras acciones. Cabe destacar que mencionó que si el gobierno federal le hubiera hecho caso cuando solicitó su intervención, nada de esto posiblemente hubiera pasado.

También ha externado su grado de inocencia, al señalar que por decisión propia —y no por presión del presidente de la República en ese entonces— decidió pedir licencia para dejar el cargo. Por cierto, en una entrevista reciente, el propio presidente comentó que se opuso a esa decisión. Entonces, ¿por qué renunció al cargo? ¿Por qué lo hizo, si sabía que al no ser gobernador ya no tendría la facultad de protección y fuero político? Por el simple hecho de que no tenía nada que ver con lo sucedido con los estudiantes de Ayotzinapa. ¿Cuántos políticos actuales tienen acusaciones o carpetas de investigación y no dejan su cargo, no renuncian al fuero político y enfrentan como civiles sus procesos?

Y si fuera poco, el exgobernador ha mantenido su disposición de contribuir en cualquier momento con las autoridades para que se puedan esclarecer los lamentables hechos ocurridos en Iguala. Ha cumplido con su palabra de no dejar el país; es de los pocos políticos de esa generación que no ha pedido asilo político en otro país.

Por tal motivo, se puede decir que Ángel Aguirre Rivero también ha sido víctima de las circunstancias, por todo lo que ha pasado, por la pesada loza que ha cargado su familia, por toda la persecución política que han ejercido sobre su persona y las campañas de desprestigio hacia su imagen y carrera política. ¿Quién repara ese daño? ¿Quién se hace responsable?

Por eso, es una petición contradictoria la de dicho colectivo, si la lucha no debe ser contra el exgobernador, quien también ha sido víctima de las circunstancias políticas. Porque él no se esconde, no evita la justicia, siempre ha mantenido la disposición de cooperar en todos los aspectos. Por tal motivo, él y sus compañeros de equipo tienen la facultad y el derecho de participar o afiliarse a algún partido democrático.

Dicho colectivo no debe perder la esencia e ideología de las luchas sociales, porque hay que recordar que las grandes luchas que marcaron el rumbo del país y dieron origen a esas organizaciones buscaban el bienestar social, la inclusión de los ciudadanos, la igualdad, el derecho a una vida digna, mejores condiciones laborales, justicia y libertad, entre muchas cosas más.

Acciones como las que realizó el grupo de sobrevivientes de Ayotzinapa, mencionadas antes, son ajenas a su creación y lucha. En los últimos años, han sido frecuentemente utilizadas por grupos político-sociales que, por cierto, pareciera que están muy cómodos con la situación de la «noche triste» de Iguala. Me atrevo a decir que ya no les importa conocer la verdad; lo único que les interesa es mantener el descontrol del Estado y seguir lucrando con estos lamentables hechos, lo cual da pie a la teoría de que algunos colectivos —e incluso el propio movimiento— ya se convirtieron en grupos de choque contra el gobierno.

El pueblo de Guerrero ha mostrado cansancio y enojo ante esta situación. En específico, los ciudadanos de Chilpancingo y los turistas que visitan el puerto de Acapulco y transitan por la Autopista del Sol viven con el temor de encontrarse con el movimiento de Ayotzinapa. Si eso ocurre y están con sus familias, corren a proteger a sus hijos. Los empresarios de la capital del estado también se han quejado de las pérdidas económicas y materiales que sufren cuando se manifiestan los de Ayotzinapa. Los habitantes de la ciudad han expresado que el movimiento perdió su esencia, su brújula y su causa. Ya no es un movimiento de lucha social ni de búsqueda de la verdad para aclarar los hechos y obtener justicia, sino un movimiento de destrozos, daños materiales y constante confrontación con el gobierno, que en algunas ocasiones ha terminado incluso en pérdidas humanas.

Es muy raro escuchar y ver en los medios de comunicación que se diga que hubo una manifestación pacífica del movimiento de Ayotzinapa o que se reunieron colectivos y asociaciones para recaudar fondos en beneficio de los padres o de la Normal. No hay que olvidar las condiciones en las que viven los padres y la decadencia en la que se encuentra la Normal Isidro Burgos. Muchos se preguntan: ¿quién financia este movimiento? ¿Por qué no escuchar que algún colectivo o asociación logró un convenio con alguna institución privada para la construcción de dormitorios? ¿O que llegaron a acuerdos con fundaciones para dotar de alimentos, ropa, medicamentos? ¿O que dichos colectivos fueron los principales promotores para que los alumnos entraran en el programa «Apadrina un alumno» de la Normal de Ayotzinapa?

En esas acciones deberían enfocarse los colectivos y asociaciones, y poner toda su disposición, en lugar de estar a merced de grupos políticos o poderes fácticos que siguen dañando la imagen de Guerrero.

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