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Después de Adán Augusto

Después de Adán Augusto

Hay quienes creen que Guerrero es el ombligo del país. Que lo que ocurre en Chilpancingo, Acapulco o Iguala explica por sí solo el rumbo nacional. Esa mirada atrapada en lo local —comprensible, pero peligrosa— olvida una regla básica del poder: la política mexicana no se decide en aislamiento. Se define bajo presiones cruzadas, internas y externas, donde Washington y la geopolítica pesan más que las encuestas locales.

La renuncia de Adán Augusto López a la coordinación de Morena en el Senado debe leerse desde ahí. No como un chisme de pasillo ni como una derrota personal, sino como un movimiento de ajuste en un tablero que se ha vuelto más estrecho y más vigilado.

img_3265 Después de Adán Augusto

La presión internacional sobre México se ha incrementado. Estados Unidos observa con mayor atención y el margen de maniobra se reduce. En ese contexto, la presidenta Claudia Sheinbaum necesita más que lealtades cuestionables: requiere orden, control y disciplina. La coordinación del Senado no es un espacio menor; es una bisagra entre el poder político y la estabilidad institucional. Y las bisagras no pueden rechinar.

La salida de Adán Augusto no borra su peso ni su trayectoria, pero sí reconfigura los equilibrios. Su grupo político pierde visibilidad y, con ella, capacidad de proyectar fuerza en el corto plazo. En política, la ausencia del reflector es más costosa que la crítica abierta. Lo saben bien quienes, bajo su cobijo, habían comenzado a construir aspiraciones rumbo a 2027.

En la política real, no basta con haber sido influyente ayer. El poder no es una herencia: es una relación viva que se renueva todos los días. La salida de Adán Augusto de la coordinación del Senado marca, para muchos, el fin de una etapa donde el peso personal bastaba para ordenar lealtades.

Hoy el mensaje es otro. El centro del poder exige disciplina y la capacidad de resistir el escrutinio público. Quien no lo entienda quedará atrapado en la nostalgia de su propia fuerza, convencido de que sigue jugando en la mesa principal cuando el juego ya cambió de reglas.

En ese nuevo tablero, el grupo que formó Adán Augusto en Guerrero no desaparece, pero se relega. Y quienes apostaron todo a su sombra harían bien en entenderlo pronto: en política, cuando el centro se mueve, no avisa dos veces.

luis-enrique-1024x535 Después de Adán Augusto

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