La definición en Morena
En política, como en el mar, no siempre avanza el que hace más olas, sino el que sabe mantenerse a flote cuando la marea se complica. Y hoy, en Guerrero, las aguas internas de Morena están lejos de la calma. El escenario para la definición de la candidatura en Morena tiene que ver si se escogerá a un hombre o a una mujer. En cualquier caso el partido de la 4T gana. Todas las encuestas dicen que este partido tendrá otros seis años al frente del gobierno estatal. La pregunta en todo caso que pesa y mucho, es si la presidenta Claudia Sheibaum incidirá como ya lo ha perfilado a lo largo de 2025, en la nominación.
El veto presidencial que pesa sobre la candidatura de Félix Salgado Macedonio, combinado con la reforma estatutaria que el propio partido aprobó para cerrar el paso al nepotismo electoral, ha introducido una variable que ya no puede ignorarse. No se trata de rumores ni de guerra sucia: son reglas nuevas, vigentes y políticamente costosas. Si esos obstáculos no se resuelven, y Morena decide que en Guerrero la candidatura de 2027 sea para el género masculino, el tablero se puede mover… y habrá que saber jugarlo para ganar.
Más de uno se pregunta si Félix se disciplina y opta por ser factor de unidad con todo su peso político e incidir en las candidaturas de los municipios más importantes de Guerrero, así como en candidaturas a diputados, u opta por confrontar a la presidenta Sheinbaum en un lance que lo colocaría (por sus conocidas debilidades) en una situación vulnerable ante el poder presidencial. Eso está por verse.
Los números recientes lo confirman. La encuesta de Demoscopía Digital de enero de 2026, en donde se mide únicamente al género masculino, muestra a Félix Salgado encabezando las preferencias internas con 42.9 por ciento, pero justo detrás aparece Iván Hernández Díaz con 18.4 por ciento, muy por encima de otros aspirantes visibles y con una tendencia clara al alza en el tracking mensual. No es un dato menor: en un contexto de desgaste, ataques y polarización, Iván crece sin ruido, sin escándalos y sin negativos visibles.
Más aún: Morena, como partido, se mantiene sólido en Guerrero con 46.6 por ciento de preferencia electoral, casi cuatro veces arriba de su competidor más cercano. Esto significa que la verdadera batalla no está afuera, sino adentro. Y es ahí donde muchos perfiles se desgastan antes de tiempo, atrapados en una lucha por la percepción pública que amenaza con convertirse en una guerra fratricida.
Iván Hernández ha seguido otra ruta. Ha recorrido el territorio durante años, conoce las regiones, ha construido relaciones sin confrontarse con nadie y forma parte de un grupo político con peso real en el estado: los llamados nuñistas. En ese mismo equilibrio interno se entiende que el dirigente estatal de Morena, Jacinto González Varona, aparezca con apenas 3.7 por ciento en la medición y, llegado el momento, opte por bajarse de la contienda para preservar el espacio que hoy ostenta y concentrarse en la organización del proceso rumbo a 2027.
El reto de Iván Hernández no es menor. Su principal desafío es seguir siendo lo que hoy lo fortalece: un factor de estabilidad en medio del conflicto. No caer en la provocación, no engancharse en la descalificación, no convertirse en protagonista de una guerra interna que, de prolongarse, puede erosionar la principal fortaleza de Morena en Guerrero: la unidad.
Mientras otros apuestan a la estridencia y al mal llamado “contraste” de perfiles, esto es, al desgaste de su oponte, el delegado Iván Hernández navega bien en el oleaje de estos escenarios complejos. Crece sin confrontar, suma sin dividir y aparece cada vez más como una opción viable si el partido necesita un relevo que no fracture, que no cargue pasivos y que entienda que ganar la candidatura es sólo el primer paso; lo verdaderamente importante es no perder el movimiento.
El delegado avanza con una virtud cada vez más escasa en la política guerrerense: la calma estratégica. Y a veces, eso basta para colocarse —sin aspavientos— en el centro de la sucesión. Pero esta historia no está completa sin analizar las posibilidades de las mujeres en Morena que haremos en una próxima entrega de esta columna.
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