¿Todo vale en política? / El supuesto dedazo
Políticamente Incorrecto
Roberto Camps
En política, como en casi todo, las palabras importan. Pero importan todavía más los hechos.
En días recientes hemos observado incluso campañas digitales con importantes recursos dirigidas contra Beatriz Mojica. Más allá de simpatías o diferencias con ella, el fenómeno merece atención porque revela hacia dónde puede desplazarse la competencia interna si los argumentos son sustituidos por operaciones de desgaste.
Criticar es legítimo. Investigar trayectorias es legítimo. Cuestionar aspirantes es legítimo. Contrastar propuestas, antecedentes, resultados y congruencia política no solamente es legítimo: es necesario.
Lo que empobrece la discusión es sustituir todo eso por la descalificación, la guerra sucia o la construcción deliberada de escenarios que todavía no existen.
Porque entonces dejamos de discutir quién puede representar mejor un proyecto político y comenzamos simplemente a preguntarnos quién puede destruir primero la reputación del adversario.
¿Habrá dedazo en Guerrero?
En Guerrero se ha repetido durante meses una versión: que la definición de la coordinación estatal de la Defensa de la Transformación será producto de una decisión presidencial; que habrá “dedazo”; que la presidenta Claudia Sheinbaum tiene favorita o favorito y que, llegado el momento, la encuesta será secundaria frente a una decisión tomada desde el centro.
El problema de esa narrativa es que comienza a chocar con los hechos.
Morena ha iniciado la designación de sus coordinaciones estatales y las primeras definiciones ofrecen una señal que no debería minimizarse: los perfiles seleccionados han sido personajes que venían encabezando las mediciones y construyendo competitividad política en sus respectivas entidades.
Durante los últimos meses han circulado encuestas de todo tipo. Algunas profesionales, con metodologías conocidas y antecedentes verificables; otras de procedencia mucho más difícil de acreditar. Hay mediciones que colocan arriba a determinado aspirante y, días después, aparecen otras con resultados completamente distintos.
Ese ruido tiene una explicación política: las encuestas también se han convertido en instrumentos de posicionamiento.
Por eso no basta decir “las encuestas dicen”. Hay que preguntar cuáles encuestas, quién las levantó, qué metodología utilizaron, qué universo midieron, cuándo realizaron el trabajo de campo y, sobre todo, si existe consistencia entre distintas mediciones realizadas a lo largo del tiempo.
Eso será particularmente importante cuando llegue la definición de Guerrero.
Hasta ahora, las primeras decisiones nacionales de Morena apuntan precisamente hacia la segunda: reconocer perfiles que han mantenido competitividad durante meses. Si esa lógica continúa, la discusión en Guerrero tendría que abandonar paulatinamente la especulación sobre el supuesto “dedazo” y concentrarse en una pregunta mucho más sencilla: ¿quién tiene realmente el respaldo de la gente?
Existe además otro elemento que no puede ignorarse.
La propia Claudia Sheinbaum ha tomado distancia públicamente de la idea de decidir candidaturas. Ha insistido en que esas definiciones corresponden al partido y, fundamentalmente, a la gente.
Resulta increíble presentar como hecho consumado que en Guerrero habrá una imposición presidencial. Más todavía cuando esa versión ha sido alimentada políticamente mediante comentarios, reuniones, parodias en asambleas y mensajes de un equipo político que buscan instalar la percepción de que la competencia ya está decidida.
Paradójicamente, algunos de quienes denuncian anticipadamente una imposición parecen necesitar que exista esa percepción.
¿Por qué?
Porque si el resultado no les favorece, la narrativa estaría construida desde antes: no perdimos una encuesta, nos impusieron una candidatura.
Guerrero ya conoce esta historia
En otros tiempos hubo sucesiones que parecían resueltas y terminaron tomando caminos distintos. Y basta recordar el proceso de Morena previo a la elección de 2021.
Pablo Amílcar Sandoval fue durante años uno de los personajes con mayor cercanía y visibilidad dentro del movimiento lopezobradorista en Guerrero. Para muchos, eso bastaba para concluir que sería inevitablemente el candidato.
No ocurrió. La definición tomó otro rumbo.
Después parecía prácticamente irreversible el ascenso de Félix Salgado Macedonio hacia la gubernatura. Entonces ocurrió lo inesperado: la resolución de las autoridades electorales modificó completamente el tablero y Guerrero terminó teniendo a la primera mujer gobernadora de su historia, Evelyn Salgado Pineda.
Si Morena mantiene el criterio observado en sus primeras designaciones, respeta las tendencias consistentes de las encuestas y garantiza condiciones de competencia interna, la narrativa del “dedazo presidencial” perderá buena parte de su sustento.
Porque si algo están mostrando las primeras decisiones de Morena es que la encuesta importa.
Y si esa regla se mantiene para Guerrero, entonces la discusión dejará de ser quién tiene la supuesta bendición de Palacio Nacional y pasará a donde siempre debió estar: quién tiene la confianza de los guerrerenses.
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