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Guerrero: se adelantan definiciones

Guerrero: se adelantan definiciones

El proceso sucesorio de Morena rumbo a 2027 finalmente entra en su etapa decisiva. Lo que durante semanas se movió entre reuniones, versiones, mediciones y llamados a la disciplina interna comienza a traducirse en definiciones políticas. Y aunque cada estado tiene circunstancias propias, Guerrero será uno de los territorios donde la dirigencia nacional tendrá que demostrar que puede resolver una competencia intensa sin fracturas en el movimiento.

La crisis política de Sinaloa habría acelerado un calendario que originalmente se proyectaba después del Primer Informe de Gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum. A partir de hoy Morena comenzará a presentar coordinaciones en distintas entidades y hay versiones de que antes de la primera quincena de septiembre, estarían definidas todas las coordinaciones estatales rumbo a 2027.

La dirigencia nacional de Morena presentará hoy a quienes asumirán las coordinaciones estatales de Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional en Aguascalientes, Campeche y Colima. Más allá de los nombres, el mensaje político está en el calendario: Morena decidió comenzar a despejar el tablero.

Y Guerrero inevitablemente entra en la conversación.

En los últimos días han circulado versiones que colocan a Beatriz Mojica Morga entre los perfiles que podrían avanzar en las definiciones nacionales. La información publicada hasta ahora debe tomarse precisamente como eso: versiones periodísticas, pero en política nada ocurre al azar, su aparición en este escenario confirma algo que desde hace meses se observa: Mojica es la más competitiva en el grupo competitivo de la sucesión y su desgnación no debería sorprender.

La verdadera dificultad comienza después del nombre.

Morena tiene en Guerrero una competencia esencialmente interna. La oposición atraviesa por una debilidad que, al menos por ahora, hace que buena parte de la disputa por 2027 ocurra dentro del propio movimiento. Ahí participan figuras con historia, estructuras, presencia territorial y aspiraciones legítimas.

Ese es el desafío que deberán administrar la dirigencia nacional y la Comisión Nacional de Elecciones: construir una decisión para que quien gane, pueda convocar a quienes no resulten favorecidos.

Durante meses se han construido narrativas sobre supuestas candidaturas predeterminadas, respaldos desde el poder y decisiones tomadas de antemano. La mejor manera de desmontarlas requiere un acuerdo político posterior que incluya a las distintas expresiones del movimiento.

Ahí está también la responsabilidad de quienes participan.

Quien resulte favorecido tendrá que entender que no recibirá una franquicia personal ni un cheque en blanco. Tendrá la obligación política de convocar a todos. Y quienes no sean seleccionados deberán decidir si su compromiso está con una aspiración individual o con el proyecto político al que públicamente dicen pertenecer.

Por eso Guerrero será una prueba especialmente importante para Morena.

El reto no consiste solamente en ganar la elección de 2027. Consiste en salir en unidad alrededor del proyecto nacional que encabeza la presidenta Claudia Sheinbaum y avanzar en la consolidación de la Cuarta Transformación en un estado marcado por rezagos históricos.

Guerrero sigue acumulando enormes desafíos en pobreza, infraestructura, desarrollo regional, servicios públicos, oportunidades para jóvenes, productividad del campo y desigualdades entre sus regiones. La Costa Chica no tiene las mismas necesidades que Tierra Caliente; la Montaña mantiene una deuda histórica distinta a la de Acapulco; y los pueblos indígenas y afromexicanos continúan reclamando que el reconocimiento constitucional se convierta también en desarrollo y bienestar cotidiano.

Por eso la sucesión no debería convertirse únicamente en una batalla de nombres.

La pregunta de fondo es quién puede construir una mayoría política y social suficientemente amplia para acompañar el proyecto de Sheinbaum y, al mismo tiempo, ofrecer una siguiente etapa de transformación para Guerrero.

Las próximas semanas serán decisivas.

Si el calendario que comienza a perfilarse se mantiene, antes de llegar a la primera mitad de septiembre el tablero nacional podría estar prácticamente resuelto. Entonces terminará la temporada de especulaciones y comenzará una fase todavía más compleja: cicatrizar, integrar y construir acuerdos.

En Guerrero habrá una definición y habrá quienes tendrán que esperar.

En una entidad donde la principal competencia parece estar dentro del propio movimiento, la candidatura puede ganarse en una encuesta; la gubernatura, en cambio, necesitará de todos.

Esa será la verdadera prueba de las semanas y meses siguentes.

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