La guerra sucia no sustituye al trabajo
José Luis Méndez Rodríguez
En Guerrero hay palabras que no pueden utilizarse a la ligera. Una de ellas es “guerra sucia”.
En este estado, la expresión evoca una de las etapas más dolorosas de nuestra historia: las décadas de los sesenta y setenta, cuando la inconformidad social fue enfrentada desde el poder con persecución y represión. Guerrero fue escenario de aquella política contra dirigentes sociales como Lucio Cabañas y Genaro Vázquez, en un contexto marcado por la pobreza, los cacicazgos y la falta de canales democráticos para atender las demandas de la población.
No se trata de equiparar aquella represión de Estado con las campañas de descalificación de la política actual. La diferencia es evidente. La comparación está en la lógica: cuando faltan argumentos para enfrentar al adversario, aparece la tentación de desacreditarlo.
Eso es precisamente lo que comienza a observarse en la carrera rumbo a la gubernatura de Guerrero en 2027.
El nombre de Beatriz Mojica Morga se ha convertido en un punto de preocupación para algunos de sus competidores. Y existe una razón: en los distintos ejercicios demoscópicos serios que han medido el escenario, Mojica aparece consistentemente en los primeros lugares y, en varios de ellos, con una ventaja clara sobre sus principales contendientes.
Una encuesta no gana elecciones, pero una tendencia sostenida tampoco puede ignorarse.
Frente a esa realidad, sus adversarios tienen dos opciones: trabajar para alcanzarla o intentar desacreditarla.
La primera exige territorio, organización, propuestas y capacidad para convencer. La segunda requiere solamente ruido.
Y cuando una contienda comienza a concentrarse en ataques personales, campañas digitales y descalificaciones, la pregunta obligada es: ¿dónde están las propuestas?
Si alguien considera que Mojica está sobrevalorada, que demuestre por qué.
Si otro aspirante tiene mayor respaldo ciudadano, que lo pruebe.
Si cuenta con una mejor trayectoria, que la presente.
Si tiene un proyecto superior para Guerrero, que lo explique.
Eso es competir democráticamente.
Lo contrario sólo revela una carencia: la incapacidad para convertir la desventaja política en una alternativa convincente.
Mojica podrá gustar o no. Tendrá simpatizantes y adversarios, como cualquier figura política. Su trayectoria puede y debe ser sometida al escrutinio público. Pero el debate debe darse sobre hechos, resultados y propuestas, no mediante campañas destinadas a destruir reputaciones.
Guerrero merece otra cosa.
Este estado necesita discutir cómo enfrentar la inseguridad, generar empleos, fortalecer el turismo, impulsar el campo, reducir la pobreza y atender las enormes desigualdades entre sus regiones. Ese debería ser el verdadero terreno de competencia.
Además, quienes aspiran a gobernar bajo las siglas de Morena deberían recordar que buena parte de la fuerza de ese movimiento nació precisamente de la crítica a las viejas prácticas políticas: el dedazo, la imposición y las decisiones tomadas por encima de la ciudadanía.
Sería una contradicción que ahora se pretendiera frenar a quien encabeza las preferencias mediante mecanismos distintos al convencimiento ciudadano.
El 2027 todavía está lejos. Las preferencias pueden cambiar y las candidaturas aún tendrán que definirse. Pero hay algo que no debería cambiar: la obligación de competir con argumentos.
Si Beatriz Mojica está arriba, que sus adversarios trabajen para alcanzarla.
Si consideran que su ventaja es circunstancial, que lo demuestren.
Si creen tener un proyecto mejor, que convenzan a los guerrerenses.
Porque la política no debería consistir en destruir al adversario para ocupar su lugar, sino en demostrar que se es capaz de construir algo mejor.
Guerrero ya conoce demasiado bien los costos de una política basada en la confrontación y la persecución.
Por eso, frente a cualquier intento de guerra sucia, la respuesta debe ser sencilla:
más trabajo, más propuestas y más democracia.
Al final, las redes sociales olvidan rápidamente una campaña de ataques. Los ciudadanos, en cambio, suelen recordar quién estuvo con ellos cuando llegó el momento de dar resultados.
Y para gobernar Guerrero, el trabajo siempre será más importante que la guerra sucia.
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