Cuando las encuestas confirman lo que el territorio ya empezó a decir
Por José Luis Méndez
En política suele repetirse una máxima: las encuestas retratan un momento, pero los movimientos políticos anticipan el siguiente. En Guerrero, ambas cosas parecen comenzar a coincidir.
La más reciente medición de Statistical Research Corporation (SRC) coloca a Beatriz Mojica con 32.5% de las preferencias para convertirse en la candidata de Morena, PT y PVEM a la gubernatura de Guerrero en 2027. La ventaja no es menor: supera por más de 17 puntos a la alcaldesa con licencia de Acapulco, Abelina López (15.2%), y deja aún más atrás a Esthela Damián, quien aparece con apenas 8.5%.
Pero quizá el dato más revelador no sea únicamente la diferencia en las cifras, sino que éstas empiezan a reflejar lo que ocurre en la dinámica política cotidiana.
En los últimos días, Carmelo Loeza y Dalia Carrera, dos personajes identificados dentro del entorno político de Esthela Damián, decidieron incorporarse al proyecto de Beatriz Mojica. A ellos se sumó Eudocia Moctezuma, fundadora de Morena en Chilpancingo y una figura con amplio reconocimiento entre la militancia histórica.
Las adhesiones, por sí mismas, podrían verse como un episodio más del reacomodo natural previo a una sucesión. Sin embargo, el contexto les otorga otra dimensión.
En política no basta con sumar simpatizantes; la verdadera prueba consiste en conservar a quienes ya forman parte de un proyecto. Cuando dirigentes, operadores o cuadros cercanos comienzan a salir, el mensaje trasciende los nombres propios: evidencia que algo dejó de funcionar al interior.
Ese parece ser hoy el principal desafío para Esthela Damián.
Durante meses, su estrategia ha privilegiado el posicionamiento mediático y la construcción de estructuras políticas. Sin embargo, cuando personas que habían caminado cerca de su proyecto optan por respaldar otra aspiración, inevitablemente surge una pregunta que ninguna campaña puede eludir: ¿por qué decidieron irse?
La interrogante resulta todavía más pertinente porque las encuestas no muestran una tendencia ascendente para su proyecto. Por el contrario, la distancia respecto al primer lugar luce considerable.
Mientras tanto, Beatriz Mojica parece recorrer una ruta distinta. Más allá del posicionamiento que le atribuyen las mediciones, su proyecto comienza a incorporar perfiles provenientes de distintos sectores de Morena: fundadores, liderazgos sociales, operadores regionales y actores con trabajo territorial.
No es casualidad que la misma encuesta coloque a Morena con una ventaja superior al 54% en intención de voto si hoy hubiera elecciones para gobernador. Dentro de ese escenario, la disputa real parece concentrarse al interior del propio movimiento, donde la pregunta ya no es quién puede ganar la elección constitucional, sino quién tiene mayores condiciones para convertirse en la candidatura competitiva.
Y ahí los números vuelven a ser significativos.
En un escenario de competencia por la gubernatura, la medición de SRC otorga a Beatriz Mojica 51.2%, muy por encima de sus posibles adversarios, una diferencia que refuerza la percepción de que hoy es el perfil con mayor rentabilidad electoral dentro de Morena.
Por supuesto, falta mucho para 2027. Las encuestas no designan candidatos y las campañas todavía están lejos de comenzar. La política, además, suele cambiar con rapidez.
Pero también es cierto que existen señales que difícilmente pueden ignorarse.
Cuando un proyecto comienza a perder cuadros cercanos mientras otro incorpora liderazgos históricos; cuando las adhesiones coinciden con una ventaja amplia en las mediciones; y cuando el territorio empieza a enviar el mismo mensaje que registran las encuestas, deja de tratarse de hechos aislados.
Porque, al final, las campañas pueden construirse con propaganda, pero los proyectos políticos se consolidan —o se debilitan— con la confianza de quienes deciden permanecer… o marcharse.
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