«No tengo candidatos ni candidatas, soy enemiga del dedazo»: Claudia Sheinbaum en Palacio Nacional
*»Sin dedazo, con encuestas»
Axel Rosey Rivero
La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo volvió a marcar la línea esta semana en su reunión con senadores y diputados. El mensaje fue claro y sin matices: en Morena se respetará el resultado de las encuestas, ella no trae candidatos y es enemiga del dedazo.
El mensaje de Sheinbaum corta de tajo la especulación: no hay ungidos, no hay palancas desde Palacio Nacional.
No es una frase de ocasión. Es la misma regla que sostuvo Andrés Manuel López Obrador durante todo su sexenio y que ahora Sheinbaum retoma como principio de gobierno y de movimiento. En un escenario donde empiezan a moverse los grupos y los nombres para 2027, el anuncio pone orden desde arriba.
“Quien quiera competir, que lo haga libremente. Yo no tengo candidatos”, dijo frente a la bancada morenista. Con eso cierra la puerta a las designaciones de escritorio y obliga a que la decisión se mida en territorio, con contacto directo y evaluación ciudadana.
Para la clase política es una señal incómoda pero necesaria. Para la ciudadanía, es un recordatorio de que el poder ya no se reparte en cuartos cerrados.
Contextualizarlo a Guerrero tiene sentido inmediato. Aquí el debate por las candidaturas locales y federales ya empezó a calentar motores. En regiones como la Zona Norte, Tierra Caliente y Acapulco, los liderazgos locales se mueven y las estructuras hacen cuentas.
En el caso de Guerrero, esto conecta con una demanda que se ha repetido en cada visita de legisladores y funcionarios federales. La gente quiere que se le escuche, que los perfiles salgan de la comunidad y no de acuerdos cupulares. “Que compitan los más cercanos al pueblo, los que son de territorio”, fue la instrucción que la Presidenta dio a los senadores.
Esa lógica también explica por qué senadores recorren municipios, rinden cuentas y gestionan obra y programas.
No es solo gestión. Es construir legitimidad con la base antes de que lleguen los tiempos electorales.
El reto para Guerrero es doble. Primero, que los aspirantes acepten la regla y se sometan a la medición sin simulaciones. Segundo, que el método de encuestas realmente refleje lo que pasa en las calles y no solo en las oficinas. Si se cumple, Morena tendrá un proceso más limpio y una base más sólida para la elección que viene.
La presidenta ya marcó la cancha. Ahora toca a los liderazgos locales demostrar que entienden la señal. En Guerrero, como en el resto del país, la transformación se juega en el territorio. Y en el territorio, el pueblo manda.
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