Búsqueda de desaparecidos en la Montaña, entre el acecho de la delincuencia y la indiferencia institucional
• Tlachinollan presenta una relatoría de los trabajos de búsqueda realizados en el mes de febrero
• Recorrieron caceríos casi despoblados, puntos controlados por civiles armados y supuestos comunitarios que no se solidarizaron con las y los buscadores
• Representantes de las instituciones siempre se manejaron con prisa, sin el interés de profundizar en los trabajos
• El georradar falló
Interacción
El Centro de Derechos Humanos de la Montaña (CDHM) Tlachinollan sostuvo que la búsqueda de las personas desaparecidas en Guerrero tiene limitantes muy marcadas, pues los retenes de la delincuencia en la región Montaña impiden la entrada a los puntos críticos; ellos deciden en qué lugares se pueden hacer los recorridos y donde ni siquiera se deben acercar.
El organismo que dirige el antropólogo Abel Barrera Hernández refiere que para realizar búsquedas en campo, se debe aportar la identificación de los y las buscadoras, además detallar con anticipación los puntos que se pretenden recorrer.
Indicó que de 25 puntos programados del 23 al 27 de febrero pasados, solo tres se pudieron explorar, aunque de manera muy superficial.
El reporte del CDHM señala que la jornada de búsqueda comenzó en las entradas y salidas de Tlapa, pegando las fichas de las personas desaparecidas.
La difusión fue clave para visibilizar la problemática que asegura, es creciente y se ha normalizado en la región.
Pueblo casi abandonado en Zapotitlán Tablas
“Subir a la comunidad me pháá de Huixtlatzala, municipio de Zapotitlán Tablas, implicó toparse con autoridades municipales que evaden su responsabilidad de velar por la seguridad de la población”.
Agrega que los cuatro ministerios públicos que la Fiscalía General del Estado (FGE) tiene en la zona, así como el personal de la Comisión Nacional de Búsqueda acudieron al ayuntamiento para platicar con el presidente, pero no los atendió.
En el caso de los policías preventivos municipales, al saber de las búsquedas advirtieron que ni ellos podían subir bajo el argumento de que ahí “no es fácil entrar”.
En ese caso, el colectivo Luciérnaga reclamó a los ministerios públicos la improvisación de su trabajo, bajo el argumento de que no estaban ahí para pedir permiso, pues debieron haber hecho antes las gestiones con el comisario municipal para llegar y buscar a sus familiares desaparecidos.
Se anota que hubo momentos de tensión cuando un agente del Ministerio Público responsabilizó a las familias de que no hayan informado del clima de inseguridad que hay en la región.
Para garantizar la seguridad de la caravana sólo iba una patrulla de la policía estatal, otra de la guardia nacional y una más del ejército, al final se sumó una patrulla de la policía estatal de Zapotitlán Tablas.
Lo primero que observaron fue a civiles armados apostados en el cerro.
Al llegar a la entrada de la comunidad, la caravana fue rodeada por la gente armada, luego se presentó el comisario y algunos principales, escucharon la petición de recorrer algunos puntos dentro de su territorio.
Tras la petición de las madres, el comisario aceptó que pasaran bajo dos condiciones: que la gente que llevaba cubrebocas se los quitara, incluyendo los militares, los de la guardia nacional y la policía estatal.
Cuando iniciaron la caminata rumbo a la comunidad, Lo primero que observaron fueron casas destruidas, en otras sobresalían las enredaderas que cubrían el techado, con las ventanas oxidadas y los vidrios quebrados.
Percibieron que ya son pocos los niños que viven ahí, la primaria tiene 60 alumnos y la escuela pasó a ser de multigrado.
El día de la búsqueda, dicho plantel parecía abandonado, sin maestras ni alumnos.
Muchas casas están deshabitadas. En las calles desoladas abundan las cruces y casas derruidas con algunas perforaciones de balas.
Los civiles armados marcaron la ruta
Las buscadoras y buscadores dijeron que en Huixtlatzala encontraron un pueblo fantasma, ya que solo estuvieron acompañados por civiles armados los que controlan la comunidad.
El informe anota que el comisario municipal y su comitiva guiaron la caravana a la laguna de drenaje, descendieron de los vehículos y caminaron a la zona de búsqueda, desde un árbol de encino se desplegó la brigada por la ladera de un cerro con barrancas, donde se encontraron carros desvalijados y quemados.
Se hizo un barrido de un kilómetro pero no hubo nada, sólo restos de huesos de animales.
El segundo punto fue el conocido como Los Carrizos, ahí el comisario se negó a entrar, argumentó que no se podía porque era una propiedad privada, aunque se le insistió dijo que mejor hablaran con el dueño.
Los buscadores tocaron la puerta, pero nadie respondió, la casa parecía abandonada. La zona de los bambús se ubica a unos pasos del preescolar, pero pasó lo mismo.
En el punto del camposanto tampoco dejó revisar a los alrededores.
De los 5 puntos, sólo se recorrió uno, la brigada decidió salir del pueblo porque era claro el mensaje: no permitir la búsqueda donde hay indicios de fosas clandestinas.
El georradar no funcionó
Otro lugar al que se acudió a buscar fue la comunidad de Alteopa, donde también se tenían cinco puntos considerados, pero el comisario manifestó que sólo se podían recorrer los terrenos que no estaban cercados con alambres de púas, ya que esos son propiedad privada.
No hubo otra alternativa que buscar en otros puntos fuera de una región donde los asesinatos y desapariciones son recurrentes.
En El Otate, municipio de Tlapa, las buscadoras y buscadores descendieron por un cerro empinado. Las autoridades pensaban rodear el cerro y subir para hacer la búsqueda por la forma inclinada del terreno, pero los minutos transcurrían y los familiares tomaron la iniciativa de empezar a descender.
El peligro de caer sin llevar protección ni herramientas de rapel no representó un impedimento para caminar en las laderas y en los filos de los cerros, lo que salvaron a partir de la experiencia en bajar barrancas.
Al llegar a la parte baja del cerro una comisión de buscadores volvió a subir para hacer otro recorrido sin tener resultados.
La Comisión Nacional de Búsqueda utilizó el georradar en una superficie plana. En un punto se detectó una “anomalía”, pero fue una falsa alarma.
Para las familias esos aparatos en realidad no sirven de mucho para encontrar personas.
El jueves 26, las búsquedas iniciaron en la comunidad de Ocote Capulín, municipio de Acatepec.
La Fiscalía contó con el apoyo de las autoridades para hacer las búsquedas. La brigada se internó en un bosque húmedo, pero no encontraron algún indicio.
Cuando bajaron se toparon con un túnel, lo revisaron, pero solo había frascos de medicamentos.
Grupos de comunitarios, muy lejos de ayudar
Cerca de las 3 de la tarde las buscadoras vieron una barranca que querían revisar. Buscaron el camino más accesible para bajar, sin embargo, cuando se disponían a proponer la ruta, el equipo canino de la fiscalía caminó hacia el grupo para comentarles que varias camionetas de policías comunitarios y ciudadanos habían puesto un retén y se estaban organizando.
Tuvieron miedo de que los detuvieran, los funcionarios argumentaron que era una zona peligrosa y que había que salir, bajo el argumento de que no querían exponer a los familiares, sobre todo a su equipo.
La gente se vio obligada a parar la búsqueda, ante la presión y la prisa de los funcionarios.
Al emprender la marcha el supuesto retén estaba colocado por seis policías comunitarios con dirección a Tlacoapa.
La caravana pasó sin ser detenida, las camionetas llenas de gente eran pasajeras del municipio de Tlacoapa con rumbo a Acatepec.
Las instituciones no apoyaron
En relato dado a conocer por Tlachinollan, se señala que hubo una evidente falta de sensibilidad de parte de las autoridades, lo que se pudo apreciar en el punto de búsqueda ubicado cerca de Chalma, municipio de Atlixtac.
El cerro iniciaba con una caída muy empinada y las hojas secas de ocote provocaban que el suelo estuviera demasiado liso. Las buscadoras se adentraron para no perder tiempo porque el punto de búsqueda era extenso. Las familias revisaron con cuidado en la profundidad de una barranca, caminaban por las laderas haciendo camino del ancho de un pie.
Al final de la última jornada las familias concluyeron que las búsquedas fueron desorganizadas, pero además señalaron que no se ve que las autoridades estén interesadas ni preocupadas por buscar a los seres queridos desaparecidos.
“Las búsquedas se hicieron sin ganas. No sienten nuestra desesperación, no entienden que esto ya no es vida”, dijeron los integrantes del colectivo Luciérnaga.
Reprocharon que los equipos de seguridad solo dan vigilancia a las autoridades y no a las familias que corren más riesgo.
Dijeron además, que acudieron sin preocuparse por conocer las comunidades indígenas, por saber la estructura organizativa de las comunidades y la orografía de las zonas, lo que limitará trabajos posteriores.

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