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¿Hacia dónde va el PRD en 2027?

¿Hacia dónde va el PRD en 2027?

Celestino Cesáreo Guzmán

El PRD en Guerrero llegará al 2027 con una paradoja: perdió el registro nacional, pero conserva vida política local. Esa condición —ser PRD Guerrero, partido estatal— no es un trámite menor: cambia el tamaño del tablero, obliga a ordenar la casa y, sobre todo, redefine el propósito. Ya no se trata de “sobrevivir” por inercia histórica, sino de demostrar para qué sirve una izquierda guerrerense con identidad propia, sin vivir necesariamente a la sombra de coaliciones que le diluyen el rostro.

Los números de 2021 explican el dilema. En la elección de gubernatura, la coalición donde el PRD participó sumó 580,971 votos de una votación total de 1,481,533 (alrededor de 39.2%), según el cómputo estatal del IEPC. Ese caudal fue grande, sí, pero no fue “PRD puro”: fue voto de coyuntura, voto anti-Morena en buena medida, voto prestado por la alianza. Y el problema del voto prestado es que se cobra caro: al final no es lealtad duradera; es un resultado inmediato y, a veces, una factura interna. En nuestro caso, nos costó el registro.

En ayuntamientos, el retrato es aún más claro sobre lo que significa competir con y sin alianza. En 2021, el PRD obtuvo 108,394 votos con su emblema, mientras la alianza en la que participamos obtuvo 340,456 votos; es decir, una parte sustantiva de la fuerza electoral quedó registrada como “coalición”, no como identidad partidista propia. Esa es la conversación incómoda que el perredismo guerrerense tiene que asumir: si la marca no genera por sí misma un piso robusto, entonces la estrategia rumbo a 2027 debe centrarse en construirlo —o aceptar la marginalidad como destino. Debemos pulir la marca.

Por eso adquiere sentido político, histórico y de lealtad con la militancia la decisión de romper cualquier alianza con PRI y PAN.

La dirigencia estatal ha determinado que, tras su registro como partido local, el PRD cierre definitivamente esa ruta marcada por los Chuchos, y que su prioridad sea ir al reencuentro con su militancia y con las causas que le dieron fuerza y prestigio. Este giro no es romanticismo ni cálculo político: es retomar la razón de nuestro origen. Con o sin alianza, nuestro centro está a la izquierda.

Cuando un partido apuesta únicamente por ir en alianza, se acostumbra a ganar espacios por acuerdos en la mesa y se vuelve un partido de coyuntura; cuando se ve obligado a competir solo, enfrenta problemas. En 2027 estaremos listos para ir solos.

El nuevo comienzo no es un eslogan; tiene fecha y fundamento institucional. El Tribunal Electoral federal recoge que el 30 de octubre de 2024 el IEPC aprobó el registro del PRD Guerrero. Eso implica reglas nuevas: padrón, estructura y maquinaria electoral con sello propio; menos reflectores nacionales y más obligación de resultados en casa. En otras palabras: ya no hay excusa para no hablarle a Guerrero con agenda guerrerense.

¿Y entonces cuál es el futuro del PRD en Guerrero rumbo al 2027, sin alianzas? Depende de si entendemos que ir solo no es sinónimo de ir aislado. Hay, al menos, tres rutas a la vista:

Primero, convertirse en un partido-ancla municipalista. En Guerrero, la política se decide en la calle, en la colonia, en la comisaría, en el barrio y en el mercado. Si el PRD quiere ser competitivo sin alianzas, debe concentrarse en municipios donde tiene memoria organizativa y liderazgos con reputación social: seguridad comunitaria, servicios públicos, agua, obra útil y transparencia, al menos en 50 municipios y 20 distritos locales. En 2027, el voto castigará más la simulación administrativa que las siglas.

Segundo, reconstruir una identidad de izquierda práctica, moderna, no de consigna. El PRD nació para disputar el poder desde la ética pública; su oportunidad hoy no está en repetir el pasado, sino en ofrecer una salida a la fatiga ciudadana: gobiernos locales austeros pero eficaces, cercanos pero con orden, sensibles y con proyectos a mediano y largo plazo. Esa es la izquierda que puede crecer sin alianzas: la que se mide por resultados, no por adjetivos.

Tercero, administrar con inteligencia su relación con el bloque gobernante sin caer en subordinación. El propio debate interno ha asomado la idea de una eventual alianza de izquierdas, pero condicionada a evaluar pros y contras y a preservar una identidad independiente. En términos políticos, eso significa: diálogo sí, cooptación no; acuerdos legislativos sí, borrado de marca no. En 2027, si el PRD se ve como satélite, se reduce; si se ve como contrapeso con propuesta y alternativa, puede recuperar parte del espacio perdido.

La apuesta de ir sin alianzas en 2027 es riesgosa, pero también es la única que le devuelve sentido al PRD en Guerrero. Porque, al final, el electorado no premia a quien “solo negocia candidaturas”; premia a quien representa causas. Y si el PRD Guerrero quiere futuro, tendrá que volver a ser eso: una representación útil de la inconformidad social, con propuesta, con territorio y con una identidad que no se rente cada tres años. Veremos.

El telón de fondo
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Taxco y la plata que contó historias

En lo alto de las montañas del norte de Guerrero se ubica Taxco de Alarcón, que aprendió desde temprano a escuchar el lenguaje de la tierra. Desde el siglo XVI, cuando los españoles descubrieron ricas vetas en sus cerros, la plata comenzó a brotar como destino. Mineros, arrieros y fundidores convirtieron aquel rincón montañoso en uno de los primeros centros mineros de la Nueva España.

De aquí salieron monedas y lingotes que viajaron por los caminos del imperio, llevando en su brillo una parte de México.

Pero Taxco no se quedó en la mina. Con el tiempo entendió que la riqueza verdadera no estaba solo bajo la roca, sino en las manos de su gente. En la década de 1930, el diseñador estadounidense William Spratling impulsó un renacimiento artesanal que transformó el metal en identidad.

Desde entonces, generaciones de familias han hecho de la platería un oficio heredado, una tradición viva que late en cada taller y en cada calle empedrada.

Así, Taxco dejó de ser solo un lugar donde se extrae plata y se convirtió en un pueblo donde la plata se piensa, se martilla y se convierte en cultura.

Cada pieza guarda siglos de historia: el eco de los mineros y el talento de los artesanos que transformaron un mineral en símbolo de elegancia.

Visitar Taxco es siempre un espectáculo y también un pequeño desafío. Caminar por sus calles empedradas es adentrarse en un laberinto vivo: callejones estrechos que suben y bajan entre casas blancas y techos rojos, esquinas que de pronto se abren a vistas inesperadas de la montaña. Entre el ir y venir de la gente y los autos que avanzan con paciencia por las pendientes, aparecen vitrinas y talleres donde la plata brilla bajo las manos de los artesanos. Todo en Taxco parece moverse al mismo tiempo: la historia, el comercio y la vida cotidiana de un pueblo que aprendió a latir entre piedra, montaña y metal.

Quizá por eso los viejos mineros lo decían con respeto: la plata no se arranca de la tierra, se conversa con ella. Y en Taxco esa conversación lleva más de cuatrocientos años. Un diálogo entre la montaña y el pueblo que, al final, terminó forjando algo más valioso que el metal: una identidad que también brilla.

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