La UAGro domesticada
El reciente encuentro entre la dirigencia nacional de Morena y los distintos actores que anhelan la sucesión gubernamental en Guerrero confirma una sospecha latente: el oficialismo prefiere la disciplina del diseño central antes que el vértigo del territorio. Sin embargo, detrás del desfile de aspirantes, late una mutación institucional más profunda y silenciosa. Ningún escenario ilustra mejor esta metamorfosis que la Universidad Autónoma de Guerrero (UAGro), una institución que pasó de ser la conciencia crítica del estado a operar como una sofisticada oficina de administración de lealtades.
La historia de la UAGro está cincelada en la piedra de la insurgencia cívica. Durante décadas, sus aulas no solo formaron profesionales, sino ciudadanos refractarios al autoritarismo; era el espacio donde la izquierda guerrerense construyó su legitimidad frente a los abusos del Estado. No obstante, bajo el prolongado y eficaz feudo de Javier Saldaña Almazán, esa tradición levantisca fue sustituida por una pax corporativa. Sería necio negar la destreza operativa de Saldaña; el problema radica en que esa fortaleza no blindó la autonomía universitaria, sino que la entregó como ofrenda al entramado político dominante.
Hoy, la UAGro ya no es el contrapeso incómodo del Palacio de Gobierno, sino un engranaje complementario de la dinastía que ostenta el poder. Esta simbiosis es doblemente alarmante ante el horizonte de 2027. Mientras Morena intenta evitar la captura de su proceso interno por intereses particulares, la máxima casa de estudios aparece subordinada a un proyecto faccional. La fuerza territorial y administrativa de la universidad ha sido despojada de su autoridad moral, trocando el libre pensamiento por el cálculo de la rentabilidad política.
El costo más alto de esta domesticación lo pagan las nuevas generaciones. El mensaje implícito para miles de jóvenes es devastador: en el Guerrero contemporáneo, la disciplina facciosa recompensa más que el mérito académico, y la cercanía con el presupuesto es más fértil que la independencia intelectual. Se ha weaponizado la estructura educativa para asegurar la continuidad de un grupo, traicionando el sentido original de la educación pública.
La discusión que abre el comportamiento de Saldaña trasciende la coyuntura electoral. Lo que está en juego es la supervivencia de los espacios capaces de vigilar y equilibrar el ejercicio del poder. Con la renuncia de la UAGro a su función de interpelar al gobernante y conformase con administrar clientelas, la derrota no es para una corriente política; es para una sociedad que se queda sin espacios críticos. Guerrero camina hacia el 2027 con las urnas listas, pero con sus contrapesos históricos sepultados bajo la lógica del alineamiento perfecto.
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