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La guerra sucia, dentro de los partidos

La guerra sucia, dentro de los partidos

Alejandro Santillanez

Antes los partidos se enfrentaban con la oposición. Hoy, en Guerrero, pareciera que la batalla más intensa está dentro de los propios partidos.

La disputa por los espacios que vienen comienza a dejar algo más que diferencias políticas: una guerra sucia que parece tener como objetivo frenar a quienes están creciendo. Y ahora pareciera que llegó el turno de la senadora con licencia Beatriz Mojica.

Hay una vieja regla en política: hay que tirarle al puntero para evitar que siga avanzando. Y cuando alguien comienza a construir una base territorial, sumar respaldos y posicionarse, se convierte inevitablemente en blanco de quienes ven amenazados sus intereses.

Lo ocurrido este miércoles en Acapulco resulta particularmente llamativo.

Se registró un bloqueo de transportistas y, apenas minutos después, comenzaron a circular notas y mensajes en redes sociales y grupos de WhatsApp intentando vincular la movilización con Beatriz Mojica, como si hubiera sido convocada o promovida por ella.

Pero hay un elemento que también llama la atención: entre los voceros de los transportistas aparece Jesús Cruz, identificado públicamente por su cercanía con la expresidenta municipal de Acapulco. Incluso existen señalamientos sobre su presunta inclusión en la llamada “lista de raya” del Ayuntamiento porteño, algo que tendría que ser acreditado documentalmente.

Y aquí está lo verdaderamente interesante: Mojica negó tajantemente haber convocado u organizado el bloqueo, rechazó cualquier acción que afecte la movilidad de los acapulqueños y pidió liberar las vialidades.

Entonces surge la pregunta inevitable:

¿Quién está meciendo la cuna?

Porque si una movilización ocurre y casi inmediatamente aparece una narrativa para responsabilizar políticamente a una persona que ya se deslindó, cuesta trabajo pensar que todo sea simple casualidad.

La guerra sucia de hoy no necesita grandes estructuras. A veces basta un grupo de WhatsApp, una publicación tendenciosa y cientos de reenvíos.

Y así se construyen verdades artificiales.

Criticar a Beatriz Mojica es legítimo. Cuestionar su trayectoria, sus decisiones o sus aspiraciones también. Eso es democracia.

Lo que no debería serlo es atribuirle acciones que no organizó para después utilizarlas como arma política.

En su respuesta pública, Mojica hizo algo que debería ser normal, pero que hoy adquiere relevancia: llamó a trabajar.

A tocar puertas.
A hacer asambleas.
A escuchar a la gente.
A dejar la guerra sucia y concentrarse en los problemas reales de Guerrero.

Y tiene razón en algo fundamental: Guerrero necesita soluciones, no guerras internas.

Porque mientras los grupos se desgastan en ataques, señalamientos y operaciones políticas, los problemas de Guerrero siguen ahí, esperando respuestas.

Al final, si alguien quiere disputar el liderazgo, que lo haga de frente. Que camine las calles, que escuche a la gente, que presente propuestas y que convenza.

La política se gana con trabajo y con ciudadanía, no con bloqueos, rumores ni guerra sucia.

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