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La campaña de Esthela

La campaña de Esthela

Políticamente Incorrecto
Roberto Camps

Morena ha sostenido que sus candidaturas deben surgir del contacto directo con la militancia y de la organización territorial. Sustituir ese esfuerzo por una guerra de percepción implica tensionar los principios que le han dado legitimidad.

La propaganda visible en zonas urbanas, especialmente en Acapulco, ha generado cuestionamientos sobre el respeto a las normas que regulan la colocación de anuncios. No es un asunto menor: quien ha ocupado responsabilidades jurídicas no puede pasar por alto disposiciones legales sin que ello afecte su credibilidad.

En un acto de derroche de recursos e intento por crecer de cara a la encuesta, Esthela Damián tapizó Acapulco y la capital usando infraestructura urbana, violando flagrantemente reglas de su partido y normas estatales y municipales.

Qué paradoja, viniendo de la ex consejera jurídica de la Presidencia.

El volumen de recursos destinados al posicionamiento también despierta suspicacia. En un partido que ha hecho de la austeridad una de sus principales banderas, la transparencia sobre el origen y destino de los fondos debería ser un ejercicio natural.

Algo que no se veía desde los gobiernos del PRI empieza a resurgir, la publicidad política en la infraestructura urbana en Acapulco, prinipalmente en la costera. Fonatur embelleciendo y Esthela ensuciando.

Así, la política interna de Morena se ha visto contaminada por una estrategia poco convencional.

Riesgo total:
La aspirante Esthela Damián ha decidido asumir todos los riesgos y apostar más por la construcción de una percepción de fortaleza que por el trabajo territorial.

La fórmula es clara: publicidad abundante, encuestas favorables y presencia mediática para instalar la idea de una candidatura inevitable. Sin embargo, esa ruta abre más interrogantes que certezas.

Las encuesta no deben convertirse en instrumentos para fabricar ventajas artificiales ni reducir la competencia interna a una batalla de números sin rigor metodológico erosiona la confianza de la militancia y de la opinión pública.

Su actuación al rodearse de priistas y figueroístas alimenta dudas sobre la coherencia de su proyecto.

Las deserciones de su campaña se suceden una tras otra.

La verdadera prueba llegará cuando la militancia y la ciudadanía evalúen quién ha construido un proyecto sólido y quién solo ha levantado un espejismo.

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