La impresión de propaganda adelantada del equipo de Esthela Damián
Enfoque
Carlos Díaz Figueroa
Los operadores de la aspirante del «cuarto para las 12» en vez de situarla en una percepción aceptable en el territorio, su imagen de Esthela Damián esta postrada en las bardas por encima de la acción preelectotoral adelantada rumbo al 2027.
Aún cuando Morena dio apertura a las asambleas previo a la encuesta para definir al coordinador del comité de defensa para la transformación y soberanía nacional, la aspiración de Esthela se libera sobre pintas en las bardas basadas en falsa expectativa.
Más allá de apostar a la construcción de la alta percepción territorial, los cercanos de ella operan en publicidad al igual que en encuestas falsas e instalar a una aspirante sin presencia mediática y completamente inevitable de bajo perfil.
Dicha estrategia no plantea certeza opcional de congruencia, toda vez que el movimiento desde la fundación consideró un detonante de razón por insistir que los candidatos deberían regresar al orígen de las causas de cerca a la gente.
De ahí, los cuestionamientos al equipo de Esthela con la evidente propaganda visible, lo que la discusión no es menor a lo obligado a cualquier aspirante a respetar las normas que regulan la colocación de publicidad en las bardas.
Y más de verguenza que quien se desempeño de consejera de la presidencia que se pase por alto disposiciones de carácter jurídico y partidarias, cuando se trata de espacios de propaganda con restricciones legales o administrativas.
De igual forma irresponsable se comenta el volumen del gasto destinado en esta etapa de apertura, de lo que para el movimiento debe ser incómodo por el tema comprometido con la austeridad principal bandera de la transparencia.
Es ese contexto, que Morena no debe permitir que el origen y destino de los recursos utilizados en promoción política tendría que ser un ejercicio natural, no una excepción sana para la imagen interna del movimiento de la transformación
Por ello, la reducción en las encuestas, cuya metodología, no siempre resultan, el verdadero pulso en el territorio, por lo que, las mediciones no deberían convertirse en instrumentos para fabricar una percepción artificial de ventaja.
A manera que nada se logra por ausencia y que mejor prueba de ensayo cuando la militancia y la ciudadanía evalúen quién ha construido un proyecto sólido a cambio quién únicamente ha pretendido construir una narrativa de simulación.
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