Esthela y el Guerrero que sólo existe en sus recuerdos
En política hay una diferencia enorme entre tener un discurso y tener un territorio. Esthela Damián parece haber confundido ambas cosas.
En una entrevista realizada en el espacio digital “Espejo Público”, conducido por Karina Gómez, habló de “sus luchas”, “sus campesinos”, las caminatas bajo el sol, las carencias y las derrotas que —según dijo— vivió en Guerrero. Sonaba como el relato de alguien que construyó una vida política al lado de las comunidades guerrerenses. Pero cuando llegó la pregunta inevitable, la que realmente importa, el discurso se vino abajo.
¿Qué ha hecho concretamente por Guerrero?
La respuesta fue reveladora, no por lo que dijo, sino por lo que no pudo decir. No mencionó municipios, comunidades, organizaciones campesinas, proyectos, gestiones, recursos obtenidos ni resultados para el estado. En lugar de eso habló de su participación en la política nacional, de su paso por la Ciudad de México, del derecho de las mujeres a decidir y de su contribución para que México tuviera una mujer presidenta.
Y aquí surge una pregunta inevitable: ¿por qué alguien que asegura haber librado tantas batallas en Guerrero no puede mencionar con claridad dónde ocurrieron? ¿Por qué no aparecen nombres de comunidades, ejidos, regiones o liderazgos con los que haya trabajado? La explicación más evidente es que Esthela Damián no conoce Guerrero como pretende hacerlo creer y hoy intenta construir un vínculo político a partir de un relato cuidadosamente elaborado para instalarse en el imaginario de la gente.
No se cuestiona que tenga experiencia política. Lo que se cuestiona es que pretenda convertir esa experiencia en un supuesto arraigo guerrerense sin presentar evidencia de un trabajo sostenido en el territorio.
Guerrero no es una escenografía para campañas anticipadas. Es un estado con memoria, con heridas abiertas y con ciudadanos que saben distinguir entre quien estuvo presente cuando las cosas se complicaron y quien aparece cuando comienza la disputa por el poder.
Si Esthela Damián quiere encabezar un proyecto en Guerrero, lo mínimo que debería hacer es responder con hechos, no con evocaciones. Decir qué comunidades recorrió, qué organizaciones acompañó, qué gestiones realizó y qué beneficios concretos obtuvo para los guerrerenses.
Porque apropiarse del sufrimiento, de las carencias y de las luchas de un pueblo sin demostrar cuándo, dónde y junto a quiénes se vivieron esas experiencias no fortalece un liderazgo; revela una estrategia.
Y los guerrerenses no necesitan que les inventen un pasado. Necesitan que les expliquen con honestidad qué se hizo por ellos cuando realmente hacía falta.
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