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Abelina: una reacción que no sorprende

Abelina: una reacción que no sorprende

José Luis Méndez Rodríguez

No hay sorpresa alguna en la reacción de Abelina López Rodríguez tras conocer el resultado del proceso interno de Morena en Guerrero que llevó a Beatriz Mojica Morga a ser designada Coordinadora Estatal de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional.

Lo verdaderamente sorprendente habría sido que Abelina aceptara sin cuestionamientos un resultado que no favoreció sus aspiraciones.

Desde mucho antes de que comenzara formalmente este proceso, la alcaldesa con licencia de Acapulco había dado señales de mantener una relación política cuando menos ambivalente con Morena. Durante meses ha flotado en el ambiente la idea de que podría cambiar la casaca guinda por el color naranja.

La posibilidad tenía una explicación política. La principal fortaleza de Abelina está en Acapulco, municipio donde ha desarrollado prácticamente toda su carrera política y donde concentra su estructura y capital electoral. Pero una candidatura a la gubernatura exige algo distinto: presencia territorial en todo el estado, capacidad para construir acuerdos con grupos diversos y, sobre todo, un nivel de aceptación que trascienda los límites del puerto.

A ello se suman los cuestionamientos y señalamientos públicos que ha enfrentado su administración municipal en torno al manejo de recursos. Corresponderá a las autoridades competentes determinar, en su caso, si existe alguna responsabilidad, pero políticamente esos señalamientos forman parte del contexto que acompaña a cualquier aspiración de carácter estatal.

También existe un antecedente que ayuda a entender el actual escenario.

Durante la sucesión presidencial de Morena en 2023, Abelina fue identificada con Marcelo Ebrard, mientras Claudia Sheinbaum terminó encabezando el proyecto presidencial. Posteriormente, en el reacomodo de fuerzas y acuerdos políticos, Abelina consiguió nuevamente la candidatura a la presidencia municipal de Acapulco.

Pero la política cambia rápidamente. Las alianzas de ayer no necesariamente son las de hoy. En esta etapa, Marcelo Ebrard así como el grupo del finado Luis Walton (aliado también de Abelina), se les ubicó vinculados con Esthela Damián, mientras que el proceso de Morena terminó favoreciendo a Beatriz Mojica.
Y aquí aparece uno de los elementos más importantes para entender la actual controversia: otros participantes aceptaron el resultado.

Esthela Damián, Iván Hernández, Karen Castrejón y Rogelio Ortega reconocieron el triunfo de Beatriz Mojica. Todos tenían razones para aspirar a encabezar el proyecto de Morena; sin embargo, una vez conocidos los resultados, asumieron la decisión y cerraron filas.

Abelina tomó un camino diferente.

Es justamente en este punto donde la respuesta de Citlali Hernández adquiere particular relevancia.
La dirigente nacional reconoció el derecho de Abelina a estar inconforme, pero rechazó que se desacredite el método utilizado por Morena. Su argumento fue directo: el procedimiento contempló distintas mediciones y encuestas espejo, y, de acuerdo con la información proporcionada por la dirigencia, Beatriz Mojica obtuvo el primer lugar tanto en la encuesta de Morena como en las mediciones realizadas por empresas externas.

Citlali añadió un elemento particularmente incómodo para Abelina: el mismo método de encuesta había sido utilizado anteriormente para definir su candidatura a la presidencia municipal de Acapulco.

La pregunta queda entonces planteada por sí sola: si las encuestas eran un mecanismo válido para definir una candidatura cuando el resultado favorecía a Abelina, ¿por qué dejarían de serlo cuando el resultado favorece a otra aspirante?

La dirigencia nacional, por lo pronto, parece haber establecido con claridad su posición: la inconformidad es legítima; la descalificación del proceso no es compartida; los resultados pueden revisarse; y el triunfo de Beatriz Mojica se mantiene.

No hay, entonces, demasiado misterio en lo ocurrido.

La reacción de Abelina confirma que su proyecto político tenía expectativas muy concretas dentro de Morena. El problema es que esas expectativas no necesariamente coincidieron con la decisión de la mayoría medida por el mecanismo establecido por el partido.

Ahora corresponde a todos asumir las consecuencias políticas del resultado.

A Beatriz Mojica, demostrar que puede convertir una victoria interna en un proyecto estatal incluyente.

A Morena, garantizar que el proceso pueda resistir cualquier revisión con transparencia.

A los demás participantes, mantener la unidad que ya expresaron al reconocer el resultado.

Y a Abelina López, decidir si su inconformidad termina siendo un episodio de la competencia interna o se convierte en el punto de partida de una nueva etapa de su trayectoria política.

Porque en política no solamente se mide la capacidad para ganar.

También se mide la capacidad para aceptar una derrota, conservar la dignidad política y saber qué hacer al día siguiente.

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