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Abelina y las reglas del juego

Abelina y las reglas del juego

por Enrique Jauregui 

La inconformidad de Abelina López Rodríguez con el proceso interno de Morena abrió un debate que va más allá de su derrota: ¿las encuestas se cuestionan por su metodología o únicamente cuando el resultado no favorece?

Citlalli Hernández Mora, presidenta de la Comisión Nacional de Elecciones de Morena, fue directa. La exalcaldesa de Acapulco está en su derecho de disentir, solicitar una revisión e incluso pedir una auditoría. Lo que el partido no comparte es que desacredite públicamente un método que conocía desde el principio y al cual decidió someterse.

El señalamiento tiene peso: fueron precisamente las encuestas de Morena las que, en su momento, permitieron a Abelina López convertirse en candidata a la Presidencia Municipal de Acapulco. Resulta contradictorio aceptar el mecanismo cuando beneficia y calificarlo como una “encuesta de papel” cuando entrega un resultado adverso.

Eso no significa que el partido deba exigir confianza ciega. Morena tiene la responsabilidad de abrir los resultados, explicar la metodología y demostrar que el proceso fue serio, transparente y verificable. La unidad no puede construirse ocultando información ni descalificando automáticamente cualquier inconformidad.

Citlalli Hernández optó por tender un puente. Habló de diálogo, inclusión y de permitir que Abelina revise todas las encuestas. Sin embargo, también envió un mensaje político contundente: deberá actuar con “cabeza fría” y decidir si su participación responde a un proyecto colectivo o solamente a la búsqueda de una candidatura.

La frase de Abelina sobre “la crónica de una muerte anunciada” elevó todavía más la tensión. Sugiere que percibía una decisión anticipada, pero hasta ahora esa sospecha necesita acompañarse de pruebas. En política, una acusación de ese tamaño no puede sostenerse únicamente en el enojo producido por un resultado desfavorable.

También quedó sobre la mesa la posibilidad de que busque espacio en otro partido. Citlalli evitó cerrar completamente la puerta al diálogo, pero advirtió que una decisión así sería evaluada por la militancia. Es decir, Morena buscará retenerla, aunque tampoco permitirá que su inconformidad condicione todo el proceso.

Abelina conserva presencia política y una base importante en Acapulco; excluirla sería un error. Pero ella también enfrenta una definición: participar en la revisión institucional del proceso o profundizar una ruptura que podría terminar aislándola dentro del movimiento que la llevó al poder municipal.

En política, la unidad no significa ausencia de desacuerdos. Significa tener reglas para resolverlos. Morena deberá demostrar que sus encuestas pueden auditarse y Abelina tendrá que reconocer que las reglas no pueden aceptarse solamente cuando conducen a la victoria.

Al final, la transparencia corresponde al partido; la serenidad, a quienes participaron. Y la congruencia, a todos.

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