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La historia no se puede reescribir

La historia no se puede reescribir

Por José Luis Méndez

En política, la cercanía de hoy no puede borrar la trayectoria de ayer.

Esthela Damián busca presentarse como fundadora de Morena y como una figura históricamente cercana a Claudia Sheinbaum. Pero su propia trayectoria cuenta otra historia: militó durante años en el PRD, fue legisladora por ese partido y posteriormente llegó a la Asamblea Constituyente de la Ciudad de México bajo las siglas de Movimiento Ciudadano.

Su incorporación al proyecto de Sheinbaum ocurrió después. En 2017 dejó Movimiento Ciudadano, cuando Claudia Sheinbaum se preparaba para competir por la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México.

La comparación es inevitable: mientras Sheinbaum participaba desde años atrás en la construcción del movimiento encabezado por López Obrador y en la organización de Morena, Damián desarrollaba su carrera política en otras fuerzas de izquierda.

Cambiar de partido no es necesariamente un pecado. Las circunstancias cambian, los partidos se transforman y los políticos toman decisiones. Lo cuestionable aparece cuando se pretende reconstruir retrospectivamente la propia biografía para hacerla coincidir con la narrativa política del presente.

Y ahí está precisamente la inconsistencia ideológica que merece discusión.

Claudia Sheinbaum no llegó al obradorismo cuando éste se volvió electoralmente exitoso. Construyó buena parte de su carrera política cuando ese movimiento todavía era una apuesta incierta, antes de convertirse en la fuerza política que hoy gobierna México.

Esa diferencia es fundamental, particularmente cuando se pretende competir por una candidatura de Morena en Guerrero.

Porque una cosa es llegar a un movimiento cuando éste ya gobierna el país y otra muy distinta es haber participado en su construcción cuando todavía no existía como partido, cuando no había cargos que repartir ni el poder institucional que hoy representa.

La política permite cambiar de partido; lo que no debería permitir es cambiar la historia.

La cercanía política del presente puede reconocerse. Lo que no puede hacerse es utilizarla para borrar los capítulos anteriores de una trayectoria.

Las fotografías de hoy no borran las credenciales de ayer. Y en política, la congruencia también se mide por la memoria.

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