Acapulco, más de 40 aspirantes y una encuesta que no perdona
Por Julio Zenón Flores | Trasfondo Informativo
El proceso de Morena para elegir a quien coordinará los Comités de Defensa de la Transformación y la Soberanía en Acapulco comenzó con más de 40 aspirantes, aunque el número exacto todavía está por definirse, y con una buena dosis de humor involuntario. Las redes sociales se llenaron de registros auténticos, pero también de imágenes elaboradas con inteligencia artificial en las que algunos usuarios se presentaron como si fueran participantes de la contienda. La burla pública dejó una primera lección: en tiempos de propaganda digital, cualquiera puede fabricarse una candidatura en una imagen, pero eso no significa que tenga posibilidades reales de competir.
Entre el ruido, sin embargo, hay nombres que merecen atención porque cuentan con trayectoria, estructura, relaciones políticas o presencia territorial. Seis perfiles aparecen como posibles participantes de una encuesta con posibilidades de colocarse en la disputa: Yoloczin Domínguez Serna, Joaquín Badillo Escamilla, Javier Taja Ramírez, Ricardo Salinas Méndez, Leticia Lozano Zavala y Pablo Amílcar Sandoval Ballesteros. La lista no implica que todos tengan asegurado su lugar en la medición definitiva, pero permite identificar por dónde podría moverse la competencia.
La primera conclusión es que Acapulco no se resolverá mediante un acuerdo entre los grupos políticos, como algunos esperaban. La decisión nacional apunta a que los aspirantes tendrán que medirse en las encuestas. Esto coloca en una misma línea de salida a personajes con recursos políticos muy distintos y obliga a cada uno a demostrar que su presencia pública se traduce en respaldo ciudadano.
Pablo Amílcar Sandoval Ballesteros podría tener cierta ventaja por su experiencia en la contienda estatal, donde los aspirantes ya se midieron y construyeron relaciones, reconocimiento y redes de apoyo. Pero esa experiencia no representa una garantía. Acapulco tiene una dinámica electoral propia y no necesariamente reproduce los resultados de una disputa estatal.
Hay un dato que los equipos deben tomar en cuenta. En el puerto existe un segmento importante de votantes, que puede estimarse entre 50 mil y 70 mil personas, cuyo comportamiento no queda definido con anticipación y que termina de decidir su voto frente a la urna. Es un electorado que puede cambiar el resultado y que no siempre responde a las estructuras partidistas, las promesas de campaña o las dádivas. Por eso, tener un grupo movilizado, ocupar un cargo público o aparecer todos los días en las redes sociales no equivale necesariamente a contar con una mayoría.
En ese escenario, los referentes políticos pueden resultar decisivos. Leticia Lozano Zavala tiene una carta importante en el respaldo de la alcaldesa con licencia Abelina López Rodríguez. La relación política entre ambas puede convertirse en una ventaja, no solamente por la influencia que conserva el grupo municipal, sino por la estructura que Abelina ha construido durante años y por su capacidad para movilizar simpatizantes.
La pregunta es cuánto de ese capital político puede trasladarse a una encuesta interna. Una cosa es la fuerza de un grupo y otra que los ciudadanos identifiquen a su propuesta como la mejor opción para gobernar Acapulco. Leticia tendrá que demostrar que puede sostener una candidatura con identidad propia, aunque su principal activo sea precisamente el respaldo de Abelina.
En el otro extremo está Félix Salgado Macedonio, uno de los principales antagonistas políticos de Abelina. Su problema, por ahora, es que no parece tener una carta definida. Las simpatías de su entorno se encuentran divididas entre Joaquín Badillo Escamilla, presidente de la Junta de Coordinación Política del Congreso local, y Ricardo Salinas Méndez, exoficial mayor de Finanzas. Esa dispersión podría restarle fuerza frente a un grupo que llegue con una sola propuesta y una operación coordinada. A menos, claro, que alguno de ellos pueda romper el techo de cristal y establezca lazos y alianzas propias con otros referentes o liderazgos municipales.
La situación de Javier Taja Ramírez es distinta. Entre quienes se habían identificado con Esthela Damián, su nombre podría convertirse en punto de convergencia, luego de que Lloyd Walton optara por no inscribirse en la encuesta municipal y buscara la coordinación del distrito federal 04. Si esa corriente termina agrupándose en torno a Taja, podría aportar una base política relevante. Pero una cosa es la afinidad entre equipos y otra que todos sus simpatizantes acepten respaldar al mismo aspirante.
También llama la atención la posición que ha asumido Beatriz Mojica Morga, coordinadora estatal de los Comités de Defensa de la Transformación y la Soberanía. Su llamado a la unidad y a evitar rupturas es importante porque la disputa de Acapulco no es un asunto menor para Morena. Se trata del municipio más poblado y uno de los espacios políticos y electorales de mayor peso en Guerrero. Una selección que deje heridas abiertas podría comprometer la capacidad del partido para competir unido en 2027.
La imparcialidad de Mojica, si se mantiene hasta el final, puede ayudar a darle credibilidad al proceso. No obstante, el verdadero examen será que los aspirantes acepten el resultado, incluso quienes consideren que tienen más trayectoria, más estructura o mejores relaciones en las dirigencias. La unidad no se demuestra solamente en los discursos previos a la encuesta, sino en la conducta de quienes pierden.
Y en medio de los nombres conocidos podría aparecer una sorpresa: Yoshio Ávila Álvarez. El joven político ha realizado trabajo territorial y mantiene presencia a ras de piso, lo que le permite aspirar a un lugar en la competencia. Sin embargo, primero debe superar un obstáculo: que la Comisión Nacional de Elecciones de Morena, encabezada por Citlali Hernández, acepte su solicitud de registro y lo incluya entre los perfiles que serán medidos.
Su antecedente de 2024 pesa en el análisis. Después de perder la encuesta frente a Abelina López, decidió competir por Movimiento Ciudadano. Si logra ser admitido, tendrá que demostrar que su trabajo territorial puede convertirse en respaldo suficiente para disputar la coordinación.
Si queda fuera, su papel tampoco tendría que ser irrelevante. Por su presencia y capacidad de interlocución, podría convertirse en un factor de apoyo para alguno de los aspirantes con posibilidades reales. En una contienda cerrada, los respaldos que se suman después de la selección pueden importar tanto como los registros iniciales.
Otro nombre pendiente de confirmar es el del diputado local por el distrito 07, Carlos Eduardo Bello Solano. Su trabajo al frente del grupo de legisladores identificado con la memoria política de César Núñez Ramos le ha permitido construir una bancada con capacidad de interlocución y propuestas propias. Ese bloque ha contribuido a mantener el equilibrio dentro del Congreso, al tiempo que ha respaldado a Jacko Badillo en la conducción de la Junta de Coordinación Política.
Si Bello Solano se registró, habrá que observar si busca competir directamente o si su fuerza legislativa termina jugando en favor de alguno de los aspirantes. Su caso recuerda que la disputa municipal no se limita a quienes tienen mayor exposición pública. También intervienen grupos con capacidad de organización, negociación y presencia en las estructuras de Morena.
La contienda tiene varios ingredientes: la estructura municipal de Abelina, las simpatías que se disputan el entorno de Félix Salgado, la posible convergencia de los cercanos a Esthela Damián, la experiencia de Pablo Amílcar, el trabajo territorial de Yoshio y la capacidad de articulación de figuras como Carlos Eduardo Bello.
Nadie tiene todavía la victoria en la bolsa. El reto no consiste en convencer a las dirigencias de que se es el aspirante más importante, ni en fabricar una imagen de candidato con inteligencia artificial. Consiste en demostrar que se cuenta con respaldo ciudadano suficiente para encabezar el proyecto de Morena en Acapulco y, después, mantener unido al partido.
Y aquí conviene analizar el caso de Yoloczin Domínguez, quien no tiene pleitos con ninguno de los grupos y su nombre aparece muy bien posicionado en casi todas las encuestas conocidas hasta ahora. Entre su grado de posicionamiento y el respaldo que tiene de un personaje nacional de Morena, podría ser un factor muy importante y dar la sorpresa.
Porque si la decisión se toma mediante una encuesta, como se ha planteado, los acuerdos de grupo podrán ayudar a sumar fuerzas, pero no sustituirán el resultado. Y para quienes llevan años acostumbrados a medir su importancia por el cargo que ocupan, el tamaño de su estructura o la cercanía con los dirigentes, esa puede ser la parte más difícil de aceptar.

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