×

Sofío, el accidente y la verdad atropellada

Sofío, el accidente y la verdad atropellada

Misael Habana de los Santos

La noche del martes 18 de agosto, Edgard Hernández Rosas regresaba a su casa después de trabajar. Lo esperaba su familia, quizá la cena, el descanso y esa rutina doméstica que sólo adquiere su verdadero valor cuando una desgracia la rompe.

Eran alrededor de las nueve de la noche. Edgard conducía un automóvil Nissan March sobre la carretera federal Zihuatanejo-Acapulco. A la altura del panteón Eterno Descanso, cerca del entronque a la comunidad de Miguelito, apareció de frente una camioneta Volkswagen Taos.

El choque fue brutal. Edgard no llegó a casa.
Terminó hospitalizado con fracturas en ambas piernas, una rodilla gravemente afectada, la clavícula rota y un pulmón colapsado. El automóvil quedó destrozado. También se rompió, de golpe, la tranquilidad de su esposa, sus hijos y el resto de su familia.

En la Volkswagen Taos viajaba el exsenador Socorro Sofío Ramírez Hernández, recién llegado a Morena y convertido ahora en operador y vocero político del senador con licencia Félix Salgado Macedonio.

Sofío fue trasladado a una clínica privada de Zihuatanejo; Edgard, en una ambulancia de la Cruz Roja, al Hospital General. En Guerrero hasta los accidentes parecen respetar las diferencias de clase y jerarquía política.

Un día después, Sofío reapareció en un video. Se veía entero, animoso y listo para regresar al trabajo político. Agradeció las muestras de solidaridad, informó que los médicos lo habían dado de alta y aseguró que se encontraba bien.

Luego se refirió a Edgard, aunque sin mencionar su nombre:
“No quiero concluir sin antes expresarle al joven que lamentablemente tuvo este incidente vehicular con nosotros que ojalá tenga una pronta recuperación y, a sus familiares, nuestra mayor solidaridad”.

La elección de las palabras no es inocente. Sofío habló de un joven que “tuvo este incidente vehicular con nosotros”, como si ambos se hubieran encontrado por casualidad en una esquina del destino y no en medio de un choque frontal que dejó a uno caminando hacia sus actividades políticas y al otro postrado en una cama de hospital.

En las primeras versiones se llegó a presentar el percance como si el automóvil de Edgard hubiera impactado o arrollado la unidad de Sofío. Incluso se afirmó que el exsenador había brindado atención inmediata al lesionado.

La familia cuenta otra historia.
Saulo Cabrera Bravo, cuñado de Edgard, denunció en redes sociales que el vehículo en el que viajaba Sofío invadió el carril contrario y destrozó el Nissan March. También aseguró que nadie ha asumido la responsabilidad por el accidente, pese a la gravedad de las lesiones.
“Busco responsabilidad y cooperación, no confrontamiento”, escribió.

Según su testimonio, Edgard volvía a casa después de trabajar cuando ocurrió el impacto que “por poco termina con la vida” de este padre de familia.

Automovilistas que aseguran haber visto circular la Volkswagen Taos sostienen que la camioneta procedente de Acapulco invadió en varias ocasiones el carril contrario y estuvo a punto de embestir a un motociclista antes del accidente.

“Venía rebasando desde antes”, escribió una testigo. Según su relato, la unidad los rebasó y por poco alcanzó a un motociclista en las inmediaciones de Papanoa. Kilómetros adelante la encontraron accidentada.

No se trata todavía de una sentencia judicial. Son testimonios y señalamientos públicos que las autoridades tienen la obligación de investigar. Sobre todo porque coinciden en un punto: la Volkswagen Taos habría invadido el carril por donde circulaba Edgard, y no al revés.

La camioneta tampoco era una unidad desconocida. El permiso de circulación difundido en redes corresponde a una Volkswagen Taos Comfortline, modelo 2024, color gris platino, registrada a nombre de Ramírez Hernández Socorro Sofío.

El documento exhibido tenía una vigencia del 25 de junio al 24 de julio de 2026, casi un mes antes del accidente. El permiso fue firmado por el director general de Tránsito, Caminos, Puertos y Aeropuertos del Estado de Guerrero el Comisario: Daniel García Ortuño.
Ahora, corresponde a las autoridades explicar si la unidad contaba con otra documentación vigente al momento del choque.

La publicación de Saulo Cabrera Bravo ha encontrado el respaldo de más de mil personas, entre reacciones, comentarios y mensajes de solidaridad. La mayoría exige que se esclarezcan los hechos, se atiendan las necesidades médicas de Edgard y no se utilice la influencia política para modificar la historia.

Porque una cosa es decir ante una cámara que ambos se encuentran bien y otra muy distinta mirar las radiografías, las piernas fracturadas, la clavícula rota y el pulmón colapsado.

La familia ha denunciado, además, presuntas irregularidades en la actuación de las autoridades locales y en la elaboración del peritaje vial. Asegura que se pretende responsabilizar a Edgard y deslindar al exsenador.

No hubo detenidos, pese a la gravedad del accidente. Tampoco se ha informado con claridad sobre la posición final de los vehículos, las huellas de frenado, la velocidad de las unidades, los testimonios disponibles ni las diligencias realizadas para determinar quién invadió el carril contrario.

Hasta ahora, las autoridades estatales no han respondido públicamente a los señalamientos sobre una posible alteración del peritaje. El silencio, cuando existe la sospecha de protección política, nunca es neutral: también circula en sentido contrario.

Sofío, mientras tanto, agradeció especialmente a Félix Salgado Macedonio por mantenerse atento a su estado de salud “desde el primer momento”.
La solidaridad entre políticos funcionó con la velocidad de una ambulancia privada. Para Edgard y su familia, la justicia sigue avanzando por el carril lento.

La gratitud, sin embargo, no parece enteramente correspondida en el terreno político. Félix Salgado pidió a Sofío “no apasionarse” y bajarle “tres rayitas” a la promoción de su figura política.

El exsenador ha presentado las llamadas asambleas en defensa de la soberanía como parte del camino de Félix hacia la candidatura de Morena al gobierno de Guerrero en 2027. Salgado Macedonio, en cambio, sostiene que no está compitiendo por nada y niega que sus movilizaciones tengan propósitos electorales.

La reconvención adquiere una ironía involuntaria después del accidente.

Félix le pidió a su operador que bajara tres rayitas y no se apasionara. La frase se refería a la velocidad de su activismo político, desde luego, pero cayó cuando todavía se discute a qué velocidad circulaba la camioneta y quién invadió el carril contrario.

En política, Sofío parece haber acelerado más de lo que su propio jefe está dispuesto a admitir. En la carretera, determinar quién aceleró, quién rebasó y quién cambió de carril corresponde a un peritaje imparcial.

Sofío cerró su mensaje con una consigna:
“¡Que viva Guerrero!”.
Pero Guerrero también es Edgard Hernández Rosas.

Guerrero es el trabajador que volvía a su casa, el padre de familia que ahora enfrenta operaciones, rehabilitación y una larga incertidumbre. Guerrero no son únicamente quienes tienen acceso inmediato a una clínica privada, a los medios de comunicación y a la protección de sus relaciones políticas.

La responsabilidad legal deberá establecerla una investigación seria e independiente. Lo que no puede permitirse es que el poder político conduzca también el peritaje, cambie de carril los hechos y termine convirtiendo a la víctima en culpable.

Sofío expresó su solidaridad con “el joven” y deseó que se recuperara pronto. Pero la solidaridad sin responsabilidad es apenas una frase para las cámaras.

Y si las acusaciones de la familia y los testimonios de los automovilistas se confirman, no solamente se habría invadido el carril contrario. También se estaría intentando atropellar la verdad.

La familia de Edgard no pide privilegios. Pide exactamente lo que el poder promete todos los días y pocas veces concede: justicia.

Share this content:

Publicar comentario