El perro que sigue vivito y coleando
DESPEJAR
MISAEL TAMAYO NÚÑEZ
“Nadie patea a un perro muerto”. Eso dijo Esthela Damián Peralta cuando habló de la guerra sucia en su contra, pero ocultando sus propios ataques en contra de su compañera de partido, Beatriz Mojica Morga, a quien incluso demandó ante los órganos electorales aunque hay reglas internas que impide a los aspirantes hablar mal de sus compañeros y, dos, que les evita recurrir a denuncias ante órganos que no sean los del mismo partido.
Esto para no judicializar el proceso interno, para no convertir el proceso interno en un lavadero, y para no darle carne a los lobos de la oposición, así como para darle al partido la oportunidad de dirimir las diferencias.
Y, en efecto, nadie patea a un perro muerto. Nadie le tira piedras a un árbol que no da frutos. Nadie se fija en el que viene atrás, sino en el que va adelante. Nadie le ladra a quien no camina. Entonces ella misma debió aplicarse su propia máxima.
Y es que Esthela Damián y su equipo de “chilangos” (con el perdón de los habitantes de la Ciudad de México), desde que la ex consejera jurídica de la presidenta Claudia Sheinbaum decidió venir a probar suerte a Guerrero, arropada por priístas, quienes eufóricos le dieron la bienvenida, se ha dedicado a tirar la piedra y a esconder la mano. Se ha dedicado, como ella dice, a patear a un perro con vida, creyendo que estaba muerto, pero que no sólo está vivito y coleando, sino que avanzó más rápido que ella, demostrando que ni las patadas de ahogado ni las pedradas pueden detener un proyecto que es de territorio, no de escritorio, y mucho menos de redes sociales y bots.
La incursión de Esthela Damián contaminó harto el proceso interno de Morena en Guerrero; lo convirtió en un circo, en un escenario de personajes grotescos, advenedizos, ambiciosos vulgares (AMLO dixit). Creyeron que Guerrero sería un hueso fácil de roer. Con su visión citadina se olvidaron que Guerrero es bronco por naturaleza y celoso por convicción.
Aquí aplican la máxima de “cualquiera menos los de fuera”. Que le pregunten a Pablo Amílcar Sandoval si pudo superar su formación citadina, aunque él tenía mejores credenciales que Damián Peralta: era nieto de un luchador social que lleva su nombre, don Pablo Sandoval; era hijo de Pablo Sandoval Ramírez, líder estudiantil en la época del cacique Raúl Caballero Aburto; líder estudiantil en la UNAM; discípulo de Tata Lázaro; precursor del Frente Democrático Nacional en 1988 que dio origen al PRD. Precandidato a gobernador por Guerrero en 1999, y diputado federal y presidente de la Cámra de Diputados.
El mismo Pablo Amílcar había sido candidato a gobernador por Morena en 2015; diputado local y líder del Congreso en 2018 y nombrado súper delegado de programas sociales por el presidente Andrés Manuel López Obrador.
Se apoderó junto con su grupo político del partido. Pero nomás no le alcanzaron las canicas en 2021, aunque tapizó el estado de anuncios espectaculares. Y terminó denunciando ante los órganos electorales la nominación de Félix Salgado Macedonio, igual que el finado Luis Walton Aburto. Y aunque retiró su demanda en contra del proceso interno, finalmente lograron maniobrar desde el centro del país para tumbarle la candidatura Félix, pero lo que no pudieron quitarle fue la gubernatura, que retomó Evelyn Salgado. Como bien dice el dicho, nadie sabe para quién trabaja.
Ninguna de estas cartas le valieron a Pablo Amílcar en un territorio harto celoso. Aquí no se olvida la caída del PRD, tras haberle entregado la gubernatura a Ángel Aguirre Rivero. Mucho se lamentó este pueblo por no haberse opuesto a esa canallada. ¿Qué no había más de dónde escoger?
Si esto sucedió con un citadino que viene de una familia de luchadores sociales guerrerenses, ¿qué más podía esperarle a una persona que tiene casi 30 años fuera de la entidad y cuya familia proviene de la derecha? Su padre, Alfonso Damián Huato, fue diputado local por el PAN, quien dicen osaba amedrentar a sus compañeros de bancada entrando al recinto legislativo con arma. El padre de Esthela fue también fundador del Partido Progresista de Guerrero (PPG), de influencia estatal. Entre tanto, su tío Pioquinto Damián fue diputado por el PRI y ambos hermanos fueron desaforados por solicitud del gobernador José Francisco Ruiz Massieu, una vez que se pusieron de acuerdo para tomar el Congreso, argumentando defender a los pueblos de la Sierra. A Pioquinto lo rescató Ángel Aguirre Rivero, nombrándolo titular de Educación en su gobierno interino, pero Alfonso Damián ya no volvió a levantarse de su caída política. Fueron sus hijos los que incursionaron en política, sobre todo Esthela, pero en la Ciudad de México, donde militó en el PRD y luego migró a MC. En 2018 se cambió a Morena.
Y por eso la celada preparada por los priístas en la ruta de Esthela Damián no puede pasar desapercibida. La misma dirigencia estatal del partido está al tanto y así lo dijo el presidente Jacinto González Varona, que la vieja cuadra de tricolores pretende tomar por asalto la gubernatura, a través de la puerta de Esthelado, en lo que sería una celada maestra para retornar al poder.
Sin embargo, no lo lograron. La reciente encuesta de El Heraldo ratifica a Beatriz Mojica Morga como puntera en este proceso. Peor aún, el mismo medio demuestra que en el último mes, la Esthela Damián se rezagó, pues en julio estaba 5 puntos abajo de la senadora con licencia y ahora está 7 puntos abajo. Por más que patearon al perro no lo pudieron detener. Sigue vivito y coleando.
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