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Ayotzinapa: las preguntas que hicieron titubear al fiscal

Ayotzinapa: las preguntas que hicieron titubear al fiscal

Redacción

Ciudad de México, 28 de septiembre de 2026.-

Rubén Mosso, reportero de Milenio puso el dedo en una de las zonas más sensibles del nuevo informe: si las funerarias y los teléfonos ya habían aparecido en investigaciones anteriores, ¿qué hay realmente de nuevo? Mauricio Pazarán Álvarez respondió entre pausas, frases inconclusas y explicaciones que dejaron abiertas varias de las interrogantes.

La pregunta duró varios minutos. La respuesta también. Pero al terminar el intercambio quedó flotando una interrogante mucho más sencilla: ¿qué hay verdaderamente nuevo en la investigación del caso Ayotzinapa?

Fue uno de los momentos más tensos de la conferencia de este lunes en la que el Gobierno federal presentó avances sobre la desaparición de los 43 estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa.

En la mesa estaban Arturo Medina Padilla, subsecretario de Derechos Humanos, Población y Migración de la Secretaría de Gobernación y presidente de la Comisión para la Verdad y Acceso a la Justicia del Caso Ayotzinapa, y Mauricio Pazarán Álvarez, titular de la Unidad Especial de Investigación y Litigación para el Caso Ayotzinapa.

Desde días antes, la expectativa había sido colocada precisamente en las nuevas líneas de investigación.

La presidenta Claudia Sheinbaum había adelantado que se presentarían indagatorias que, a consideración de su gobierno, no habían sido suficientemente desarrolladas, particularmente las relacionadas con el uso de teléfonos durante la noche y madrugada del 26 y 27 de septiembre de 2014.

Y entonces llegó la pregunta de Rubén Mosso.

No preguntó solamente por los nuevos hallazgos. Hizo algo más incómodo: reconstruyó la historia de las investigaciones.

Recordó que durante el gobierno de Enrique Peña Nieto se presentó la hipótesis del basurero de Cocula; recordó la polémica por la bolsa con restos localizada en el río San Juan; mencionó las investigaciones sobre funerarias y señaló que el análisis de las comunicaciones telefónicas tampoco era un asunto desconocido dentro del voluminoso expediente.

Después avanzó hacia el sexenio de Andrés Manuel López Obrador.

Ahí recordó las investigaciones sobre posibles vínculos entre integrantes de las Fuerzas Armadas, autoridades y el crimen organizado.

Y entonces lanzó la pregunta que modificó el tono del intercambio.

Si algunas de esas líneas ya existían y ahora la Fiscalía sostiene que no fueron agotadas, ¿hubo omisiones de quienes anteriormente estuvieron al frente de la investigación?

Mosso puso nombres: Omar Gómez Trejo y Rosendo Gómez Piedra.

¿Hay investigaciones contra ellos?

Pazarán tomó la palabra.

Y comenzaron las cautelas.

“Efectivamente se han hecho diversas investigaciones que todas van encaminadas a encontrar a los muchachos”, respondió.

Después vino el deslinde.

“Le tocará al órgano de control interno por parte de la Fiscalía a la que pertenezco ver si ellos son responsables de alguna situación irregular”.

La respuesta no confirmó una investigación contra sus antecesores.

El fiscal simplemente trasladó el asunto al órgano interno de la institución y añadió que su responsabilidad actual consiste en continuar con las investigaciones.

El problema es que Mosso había planteado precisamente eso: si las investigaciones actuales son realmente nuevas.

La funeraria ya había aparecido.

Los teléfonos ya habían sido investigados.

Las comunicaciones relacionadas con Guerreros Unidos ya formaban parte de diferentes etapas del expediente.

Entonces, ¿qué cambió?

Pazarán reconoció parcialmente la premisa.

Aceptó que existían antecedentes sobre las funerarias, pero argumentó que esas investigaciones no habían llegado suficientemente lejos.

“Estas investigaciones en su momento no se agotaron a fondo”, afirmó.

Explicó que anteriormente se habría realizado básicamente una inspección ministerial y recordó incluso que se llegó a analizar cuánto gas pudieron consumir determinados hornos alrededor de las fechas de los hechos.

Parecía que llegaría entonces la explicación que establecería la diferencia entre aquello y lo que hoy investiga la Fiscalía.

Pero la frase quedó suspendida:

“Considero que…”

Silencio.

La explicación no terminó.

Y ese titubeo terminó siendo significativo porque la pregunta apuntaba precisamente al corazón de la presentación: qué elementos permiten considerar novedosa una línea que ya había aparecido anteriormente en el expediente.

El cuestionamiento todavía tenía una tercera parte.

Mosso puso sobre la mesa la credibilidad de algunos testigos protegidos.

Se refirió particularmente a mujeres de la tercera edad cuya detención habría estado relacionada con psicotrópicos y un arma de fuego y que posteriormente realizaron declaraciones relacionadas con el exgobernador de Guerrero Ángel Aguirre Rivero.

La pregunta volvió a ser incómoda.

¿Qué tanta credibilidad tienen esos testimonios?

Pazarán comenzó nuevamente con dificultad.

“Para mí resultaría un tanto cuanto… difícil señalar que unas personas de la tercera edad que fueron detenidas por el hecho de consumir algún tipo de sustancia… no se les diera credibilidad a su dicho”.

Otra pausa.

Después intentó precisar:

“Creo que es algo un tanto cuanto… difícil de mencionarlo”.

La repetición de la expresión “un tanto cuanto”, acompañada de silencios y frases que parecían buscar una salida verbal, contrastó con la precisión de la pregunta.

Finalmente el fiscal sostuvo que ningún testimonio es tomado de manera aislada y que las declaraciones son confrontadas con otros datos contenidos en el expediente.

“Cada persona tiene efectivamente un cierto nivel de credibilidad”, explicó.

La Fiscalía, agregó, contrasta lo dicho por los testigos con información previa y otros elementos antes de ejercer acciones penales.

Pero para entonces el intercambio había dejado otras preguntas abiertas.

Porque el cuestionamiento de Mosso no buscaba solamente conocer si existen nuevos detenidos, nuevos cruces telefónicos o nuevas diligencias.

Preguntaba algo más profundo:

¿por qué aquello que ahora aparece como una nueva ruta de investigación no fue agotado antes?

Tres administraciones federales después, millones de documentos acumulados, investigaciones reconstruidas, líneas abandonadas y retomadas, funcionarios sustituidos y nuevas detenciones, la pregunta de mayor peso aún no tiene respuesta: ¿dónde están los normalistas?

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