Beatriz Mojica: de la competencia a la construcción de unidad
José Luis Méndez Rodríguez
La política suele medir a sus protagonistas por la manera en que ganan, pero también —y quizá con mayor importancia— por lo que hacen después de ganar.
Beatriz Mojica Morga ha entendido muy bien esto.
Tras ser designada como Coordinadora Estatal para la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional en Guerrero, su primera tarea no ha sido celebrar el resultado ni cobrar facturas. Ha comenzado a reunirse con buena parte de quienes participaron en la contienda interna: Félix Salgado Macedonio, Alberto López Rosas, Aidé Ibares, Javier Saldaña, Rogelio Ortega, Iván Hernández, Marcial Rodríguez, Zeferino Gómez y Karen Castrejón, entre otros actores políticos.
El dato tiene importancia.
Porque una competencia interna deja ganadores y participantes, pero un proyecto político necesita sumar a todos los que estén dispuestos a aportar.
Y esa es la ruta que está siguiendo Mojica.
Su mensaje ha sido consistente: la unidad no se construye con discursos, sino escuchando, reconociendo y abriendo espacios. Como ella misma ha planteado: “La unidad se construye escuchando, reconociendo lo que cada quien aporta y abriendo espacio para todas y todos”.
En un escenario donde la designación generó distintas reacciones, la decisión de buscar a quienes participaron en el proceso tiene una lectura política evidente: cerrar la etapa de competencia y abrir la de construcción.
Eso requiere madurez.
También de quienes compitieron.
Y hasta ahora, varios de ellos han dado un paso importante al reconocer el resultado y reunirse con quien recibió la responsabilidad de encabezar esta nueva etapa.
Ese reconocimiento no significa que todos deban pensar igual. Tampoco que desaparezcan las diferencias políticas. Significa algo más sencillo: aceptar que una vez concluido el proceso interno existe una responsabilidad mayor que las aspiraciones individuales.
Ahí está uno de los mayores desafíos para Morena en Guerrero.
La unidad no puede ser una fotografía.
Tampoco un acuerdo superficial entre dirigentes.
Tiene que construirse a partir de las distintas trayectorias, regiones, experiencias y expresiones que forman parte del movimiento.
Y en ese sentido, la estrategia de Mojica resulta significativa.
En lugar de pedir a quienes participaron que renuncien a sus propias identidades políticas, la convocatoria consiste en reconocer qué puede aportar cada uno.
Eso incluye a quienes tienen experiencia legislativa, a quienes conocen la administración pública, a quienes cuentan con trabajo territorial y a quienes han construido vínculos con distintos sectores sociales.
Nadie sobra cuando el objetivo es construir un proyecto amplio.
Ese planteamiento también permite entender por qué los encuentros políticos de los últimos días tienen mayor relevancia de la que pudiera parecer.
No se trata solamente de reuniones.
Son señales.
Señales de que la nueva coordinadora pretende ejercer una conducción abierta y no construir un proyecto alrededor de un solo grupo.
También son señales enviadas a la militancia: las diferencias que existieron durante la competencia no tienen por qué convertirse en fracturas permanentes.
La política democrática permite competir.
Pero también exige saber reconocer.
Y quienes reconocieron el resultado tienen la oportunidad de demostrar que su compromiso con Guerrero está por encima de una candidatura.
Guerrero es demasiado diverso para pretender construir un proyecto desde una sola región o desde un solo grupo. Están Acapulco, Centro, Costa Chica, Costa Grande, Zona Norte, Tierra Caliente, La Montaña y la Sierra, cada una con necesidades y realidades distintas.
Un proyecto estatal necesita escucharlas a todas.
Por eso cobra sentido la insistencia de Mojica en recorrer el territorio y mantener abiertos los canales de diálogo.
La unidad tendrá valor si consigue traducirse en organización, propuestas y resultados.
No basta con sentarse a conversar.
Después tendrán que venir los acuerdos, el trabajo territorial y la construcción de una agenda común.
Y ahí estará el verdadero examen.
También para quienes hoy reconocen su triunfo.
Porque una cosa es aceptar un resultado y otra muy distinta comprometerse con una tarea colectiva.
No significa borrar las diferencias.
Significa ponerlas en perspectiva.
El futuro de Guerrero no puede quedar subordinado a las disputas internas de ningún partido.
Los ciudadanos esperan respuestas en seguridad, empleo, turismo, campo, educación, salud, infraestructura y desarrollo regional.
Para atender esos problemas se requieren todas las capacidades disponibles.
Por eso, más que una ronda de encuentros, lo que estamos viendo puede convertirse en el primer ejercicio de una nueva etapa política.
Porque la unidad verdadera no se decreta.
Se construye.
Y en Guerrero, donde las diferencias políticas suelen ser profundas, comenzar por escuchar al otro puede ser el primer paso para construir algo que trascienda cualquier candidatura: un proyecto colectivo al servicio de los guerrerenses.
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