La mesura también es carácter: Beatriz Mojica, el desafío de construir la unidad
José Luis Méndez R.
En política, no siempre quien más confronta demuestra mayor fortaleza. A veces, el verdadero carácter consiste en mantener la serenidad, escuchar a quienes discrepan y sostener el rumbo sin convertir cada diferencia en una disputa pública.
Esa es una de las lecturas de la postura asumida por Beatriz Mojica Morga tras su designación como coordinadora estatal de los Comités de Defensa de la Transformación y la Soberanía en Guerrero. En un escenario de diferencias internas y cuestionamientos, su apuesta por el diálogo y la unidad plantea una forma de ejercer el liderazgo que no debe confundirse con debilidad.
La idea de que el carácter se demuestra respondiendo a cada crítica o protagonizando confrontaciones confunde firmeza con estridencia. La política exige distinguir entre los debates necesarios y las controversias que solo consumen atención sin contribuir a los objetivos colectivos.
La firmeza no necesita estridencias, y el carácter no se demuestra convirtiendo cada diferencia en una confrontación.
El reto de Mojica no ha sido imponerse a quienes piensan distinto, está demostrando capacidad para convocarlos, encontrar coincidencias y construir acuerdos sin renunciar a sus principios. Una tarea que exige más que declaraciones: requiere apertura, consistencia y disposición para reconocer la pluralidad del movimiento.
La unidad tampoco se alcanza con fotografías o pronunciamientos. Se construye mediante el respeto a las distintas trayectorias, la participación efectiva y la voluntad de trabajar por objetivos compartidos. Quienes compitieron o expresaron inconformidades forman parte de una realidad política que no desaparece con una designación.
Esto no significa evitar el debate ni guardar silencio ante los problemas. Una organización sólida necesita escuchar las críticas, corregir lo necesario y actuar con transparencia. Dialogar no es ceder principios; construir acuerdos no es renunciar al carácter.
Para Morena en Guerrero, el desafío consiste en transformar la diversidad de expresiones en capacidad de organización, sin exigir unanimidad ni permitir que las diferencias se conviertan en rupturas. En esa tarea, la convocatoria de Mojica demuestra su alcance mediante hechos, no solo con expresiones de respaldo.
El trabajo territorial, la escucha de las comunidades y el cumplimiento de compromisos está ocupando el centro de esa responsabilidad. La comunicación política es necesaria, pero no sustituye a la acción: no todos los encuentros requieren convertirse en una declaración pública ni cada movimiento necesita una controversia que lo acompañe.
La mesura, entendida así, no es pasividad. Es la capacidad de actuar sin precipitación, mantener claras las prioridades y tomar decisiones cuando corresponde. Una conducción puede ser conciliadora y, al mismo tiempo, establecer límites; escuchar las críticas sin asumirlas automáticamente y buscar acuerdos sin perder de vista sus responsabilidades.
La designación de una coordinadora no garantiza por sí misma la unidad. Esa tarea está en marcha y deberá evaluarse por la apertura que demuestre, la organización que impulse y los resultados que consiga.
La unidad no se decreta, se construye. Y la fortaleza política no consiste en ganar todas las discusiones, sino en mantener la capacidad de avanzar sin perder de vista el propósito colectivo.
En Guerrero, donde los desafíos sociales exigen coordinación y respuestas concretas, el liderazgo se mide por sus hechos: menos tiempo en las disputas y más en organizar, escuchar y trabajar por la gente.
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