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El INE sí se toca; la renuncia de Taddei no basta

El INE sí se toca; la renuncia de Taddei no basta

Misael Tamayo Núñez

Sigamos con la secuela del escándalo de corrupción al estilo “La Rosa de Guadalupe” que está sacudiendo al Instituto Nacional Electoral de México, cuya resolución representa un reto mayúsculo para el gobierno de México y que derivará, invariablemente, en denuncias penales, administrativas y eventualmente en cárcel para los implicados.

Es importante aclarar que no fue Morena el partido que designó a la ex consejera presidenta Guadalupe Taddei. Al contrario, su nombramiento se lo debemos al prianismo. Recordemos que la oposición batió el proceso ordinario de 2023, votando en contra de los aspirantes que constituían la terna que resultó de la convocatoria oficial.

Aprovechando que Morena no tenía mayoría calificada, PRI, PAN, PRD y MC por mero capricho nos colocaron a todos los mexicanos en el predicamento de que “la suerte”, sí, la suerte, recayera en la sonorense Guadalupe Taddei, porque no habiendo otra opción para el partido gobernante, que fue repegado contra la pared, se optó por usar el método de insaculación en marzo de 2023.

El proceso de insaculación se llevó a cabo debido a que el Pleno de la Cámara de Diputados no logró alcanzar la mayoría calificada (dos terceras partes) necesaria para designar directamente a quien ocuparía la presidencia del organismo.

Tras agotar los votos sin acuerdo, la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados —presidida en ese momento por Santiago Creel Miranda— realizó el sorteo el 31 de marzo de 2023 a la madrugada.

En la urna se introdujeron los nombres de 5 candidatos que previamente habían sido evaluados y seleccionados por el Comité Técnico de Evaluación, específicamente de la quinteta designada para competir por la Presidencia del INE.

Esos 5 candidatos se habían registrado y tenían el perfil idóneo para dirigir el INE. Y “por suerte”, insisto, el cargo recayó en Guadalupe Taddei, una mujer con una experiencia de 30 años en los temas electorales, ex presidenta del Instituto de Sonora y quien había trabajado para el antiguo IFE y luego en el INE.

No era una bisoña ni una improvisada en el tema electoral. Su figura era fue emocional. Punto. Y de ahí derivó todo el escándalo que estamos presenciando, las acusaciones y las burlas en contra de una mujer empoderada, pudiente, con experiencia, redes y conexiones de poder a nivel nacional y estatal, que gozó además del visto bueno del presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, y de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.

Es decir, la elección fue buena, aunque haya sido por un método tan cuestionado por lo que le quitó a los partidos políticos —tanto de oposición como de Morena y aliados— el mango de la sartén.

¿A quién podemos culpar por la elección de una mujer sola y débil ante los artilugios del enamoramiento? ¿A la oposición que se negó a elegir de entre los candidatos y candidatas inscritos en la convocatoria oficial, acostumbrados como estaban a repartirse los asientos en el Consejo General del INE, así como los cargos internos?

O quizás fue “mano santa” que sacó su nombre de la tómbola. La mano anónima de una mujer joven, quizás empleada de la Cámara de Diputados, que tuvo a bien (¿o a mal?), sacar los papelitos con los nombres a descartar y el nombre a elegir: Guadalupe Taddei.

Si es penoso el comportamiento de la ex consejera presidenta Guadalupe Taddei, como el de sus colaboradores y los consejeros que le siguieron el juego, así como el del contratista mayor (histórico en el INE), José Alfredo Hernández Casillas, que recurrió a una infame treta para controlarla.

Pero hay que recordar que fue la oposición la que acorraló al partido oficialista bloqueando el proceso formal. No se pusieron de acuerdo los partidos y el nombre de Guadalupe Taddei salió de una tómbola de cinco candidatas.

No la puso Morena. Pudo haber sido cualquiera de las 5, pero fue Lupe Taddei. Quizás innecesario que así ocurriera, para desenmascarar la red de corrupción que hay en el INE, no de ahora, sino —como dijo la presidenta de la República, desde tiempos de Luis Carlos Ugalde y Lorenzo Córdova Vianello, los antecesores. Y es exacta la comparación con las ambiciones de Rosario Robles Berlanga y Carlos Ahumada.

También podemos asegurar que si esto hubiese pasado en tiempo de los prianistas no la hubieran quitado. A diferencia de ahora, que aunque ella dijo que no se iría, se tuvo que ir. Y eso está muy bien. “Aiga sido como aiga sido”, no debe haber corrupción, sin excusas ni pretextos. Ni antes, ni ahora, ni mañana.

Aclarado el punto, lo que prosigue es ir a fondo. No quedarse en la renuncia de Taddei. La red que ella y su enamorado forjaron abarca a por lo menos la mitad de entidades de la República, porque iban en busca de los contratos de proveeduría para elecciones locales. Y por eso también se reunían para palomear a los consejeros presidentes de los OPLES estatales, para hacerlos parte de su red empresarial, consistente en varias empresas de un solo dueño o socio.

El esquema es burdo por demás. Es hora, pues, de blanquear al INE. Como bien dijimos siempre: el INE sí se toca.

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