La culpa por asociación no es democracia
José Luis Méndez
La política también tiene límites. Y uno de ellos debería ser elemental: nadie puede ser responsabilizado por los actos de terceros simplemente porque estos manifiesten simpatía por su proyecto.
El bloqueo registrado en Acapulco, acompañado de expresiones de respaldo a Beatriz Mojica, pretenden utilizarlo para construir una acusación política en su contra.
Y en ello hay que ser puntual, una cosa es cuestionar un bloqueo —que efectivamente afecta a ciudadanos que nada tienen que ver con una disputa política— y otra muy distinta es atribuir su organización o impulso a una persona o grupo en específico sin sustento más que la sospecha.
Los dirigentes transportistas tienen trayectoria propia, decisiones propias y responsabilidad sobre sus propios actos. Si existen antecedentes cuestionables, que se investiguen y se documenten. Pero convertirlos automáticamente en una extensión de un proyecto político es un ejercicio de descalificación, no de investigación.
Si hubo una operación política detrás del bloqueo, que se demuestre. Si alguien dio instrucciones, que se presente la evidencia. Si se cometió un delito, que la autoridad actúe.
Lo que no resulta democrático es construir una acusación mediante la vieja fórmula de: “dime con quién te apoyas y te diré de qué eres responsable”.
Beatriz Mojica puede y debe responder por sus propias decisiones, declaraciones y acciones. Pero no por cada acto que realicen quienes, por voluntad propia, decidan respaldarla.
La competencia política debe ser fuerte, crítica y frontal. Lo que no debería ser es una competencia por fabricar culpables.
Porque en democracia, la responsabilidad no se presume por asociación: se demuestra con hechos.
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