Morena Guerrero: la hora de la unidad
Roberto Flores
La encuesta terminó, el resultado está sobre la mesa y Morena en Guerrero enfrenta ahora una tarea quizá más complicada que elegir a quien encabezará esta nueva etapa: volver a juntar las piezas después de una competencia interna en la que naturalmente hubo aspiraciones, grupos y proyectos distintos.
La elección de Beatriz Mojica Morga como coordinadora estatal cerró una etapa de competencia, pero abrió inmediatamente otra mucho más importante: la del reacomodo de las fuerzas, los liderazgos y los intereses que convivieron durante el proceso.
Es momento de colocar los intereses colectivos por encima de los proyectos personales.
En ese escenario, el pronunciamiento de la presidenta Claudia Sheinbaum adquiere especial relevancia. La mandataria respaldó el mecanismo de encuesta mediante el cual resultó electa Mojica y dejó claro que fue la gente consultada la que decidió.
También reconoció la trayectoria política de Beatriz Mojica, al igual que la de otros personajes que forman parte del Movimiento de Regeneración Nacional.
El mensaje tiene un peso político que rebasa los respaldos locales.
Porque frente a las voces que han pretendido instalar la narrativa de una imposición, desde la Presidencia de la República llegó una definición que fortalece la legitimidad del resultado: hubo reglas, hubo una encuesta y hubo una ganadora.
Beatriz Mojica supera así una primera barrera de legitimidad.
Eso no significa que las diferencias internas hayan desaparecido ni que todos los grupos estén automáticamente alineados. Significa algo distinto: la discusión comienza a cambiar de terreno.
Ya no se trata fundamentalmente de quién ganó.
Eso está definido.
Ahora la pregunta es quién se integra, quién mantiene distancia y quién pretende construir una ruta alterna.
Y es precisamente en este momento donde comienza a jugar un papel importante la experiencia acumulada por Beatriz Mojica durante años de actividad política.
Después de conocer el resultado pudo encerrarse con quienes la acompañaron durante el proceso, celebrar con los propios y esperar que los demás fueran a buscarla.
Ha optado por otra ruta.
Mojica se ha dedicado a dialogar y reunirse con diferentes liderazgos de Morena en Guerrero, incluidos personajes que tuvieron intereses, simpatías o aspiraciones distintas durante la competencia interna.
La señal es importante.
Quien pretende conducir un movimiento no solamente debe hablar con quienes estuvieron de su lado. Tiene que hacerlo también con quienes compitieron, con quienes quedaron inconformes e incluso con quienes todavía mantienen reservas.
Ahí aparece la madurez política.
Beatriz Mojica no es una recién llegada a estas disputas. Ha transitado durante años por la vida pública guerrerense y nacional; ha conocido triunfos, derrotas, candidaturas, responsabilidades públicas, confrontaciones y acuerdos.
Hoy esa experiencia puede ser uno de sus mayores activos.
Después de una competencia interna no necesariamente se necesita al dirigente que grite más fuerte, sino al que tenga capacidad para volver a sentar alrededor de una misma mesa a quienes hasta hace unos días defendían proyectos diferentes.
Morena tiene frente a sí una oportunidad, pero también un riesgo.
La oportunidad es reagrupar sus fuerzas y llegar fortalecido a la próxima disputa por la gubernatura de Guerrero.
El riesgo es permitir que las aspiraciones personales prolonguen artificialmente una elección interna que ya concluyó.
Es legítimo aspirar. También lo es competir y defender un proyecto propio. Lo verdaderamente difícil es reconocer cuándo termina esa etapa y comienza otra en la que los intereses colectivos deben colocarse por encima de las aspiraciones individuales.
Ese es el desafío de Morena Guerrero.
La unidad, además, no puede entenderse como obediencia absoluta ni como la desaparición de las diferencias.
Unidad significa construir acuerdos.
Significa abrir espacios de diálogo, reconocer liderazgos, escuchar inconformidades, incorporar capacidades y comprender que ninguna corriente, grupo o personaje puede ganar por sí solo una elección constitucional.
Los acercamientos que Beatriz Mojica ha sostenido con diferentes figuras del movimiento apuntan justamente hacia esa dirección.
No será un proceso sencillo.
Hay diferencias acumuladas durante años y seguramente existirán resistencias. Una fotografía o una reunión tampoco borran automáticamente los desacuerdos.
Pero las señales cuentan.
Y Mojica parece haber comprendido algo elemental: su primera victoria fue ganar la encuesta; la siguiente será conseguir que quienes compitieron contra ella encuentren razones para caminar dentro del mismo proyecto.
El respaldo expresado por Claudia Sheinbaum fortalece esa nueva etapa.
Pero tampoco corresponde a la Presidencia de la República resolver las diferencias internas de Morena en Guerrero. Esa tarea pertenece a los propios actores locales.
Ahora les corresponde demostrar hasta dónde existe voluntad para reconstruir acuerdos.
Si Morena quiere conservar la gubernatura de Guerrero por otros seis años, necesitará mucho más que una figura competitiva. Necesitará territorio, organización, liderazgos, estructura y, fundamentalmente, unidad.
La encuesta ya hizo su trabajo.
Definió quién encabeza esta etapa.
Ahora comienza el verdadero reto.
Beatriz Mojica tendrá que transformar una victoria interna en un proyecto donde puedan reconocerse las distintas expresiones de Morena.
Porque ganar una encuesta otorga una responsabilidad.
Construir la unidad puede otorgar algo mucho más importante: la fuerza necesaria para llegar competitivos y cohesionados a 2027.
En Morena Guerrero, esa hora ya llegó.
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